En el capítulo de mañana, en la estación, los asaltantes deciden liberar a los que, por sus trazas, parecen trabajadores. Adolfo, intenta simularlo, pero fracasa y es retenido junto a las hijas de Solozábal que han sido reconocidas. Los asaltantes exigen la liberación de ciertos  presos revolucionarios. Adolfo trata de serenar los ánimos de las chicas, pero éstas, sobre todo Marta, le reprochan su intento de fuga y aunque les sugiere escapar con él, termina enfadándose con ellas, por su falta de confianza.

El capitán Huertas irrumpe en la charla entre D. Ignacio y Pablo, justo cuando el joven está dispuesto a confesar algo, pero la gravedad de la noticia del secuestro, por parte de un comité revolucionario local, anula el resto. El Capitán opina que el gobierno no negociara. Carolina está muy nerviosa, se siente culpable y, ni Manuela, ni Pablo, logran calmar su desasosiego. Urrutia trabaja en la fábrica y Encarnación se acerca para saber nuevas sobre el secuestro, su marido teme que Alicia, hija de ambos, pueda estar de algún modo involucrada. D. Ignacio habla con Urrutia para tratar de resolver ellos mismos el conflicto y evitar problemas.

Dolores echa cuentas, van apretados y se lamentan que su hijo Hipólito, ahora tesorero municipal, ya no puede ayudarles tanto, pero reconocen que se ha centrado mucho y que el dinero de su sueldo, lo manda a los padres de Gracia que son los que cuidan de la pequeña, a falta de su madre.

Iñigo Maqueda, el capataz de la mina, intenta conseguir una carta de recomendación para que el sobrino de Cosme, uno de los mineros, consiga una beca. Conociendo a la marquesa y temiendo su negativa, decide pedírselo al párroco local, D. Filiberto, pero éste, no se pronuncia. Maqueda aprovecha para sondear a Cosme sobre el malestar de los mineros y éste le asegura, que la falta de apoyo de la marquesa no augura nada bueno. En ‘La Habana’ esperan la llegada de Adolfo, pero su hermano Tomás llega con la noticia del secuestro de viajeros en la estación.

Tomás comenta con su madre que las hijas de D. Ignacio están retenidas en el secuestro y que quizá su padre tenga noticias frescas y pueda compartirlas, pero la marquesa no está dispuesta a pedirle ayuda. Tomás comparte sus temores con Marcela, no sabe seguro si Adolfo está secuestrado, o no llegó, como tenía previsto. Iñigo se acerca a la marquesa por si tiene novedades del secuestro, ella no sabe más, pero está convencida que su hijo Adolfo es un caradura y sabrá manejarse. Su trato con ella a solas, es de tuteo y cercanía, aunque ella se mantiene entera, Iñigo se acerca a acariciarla con cierta intimidad.