martes, enero 19, 2021
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Trenes que vienen, trenes que van

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ovejas

Hay quien opina que la comedia banaliza demasiado las miserias humanas, corrigiéndolas de forma maniquea y poco coherente para llegar a un “happy end” que satisfaga a todos los públicos. Pues este no es el caso. No es banal. Todos nos hemos encontrado alguna vez en una situación crítica de nuestra vida sin saber qué hacer. Esa de “renovarse o morir”. Pero antes de eso está el paso previo de lamentamos por no haber hecho esto o lo otro, por dejar escapar los trenes que nos habrían llevado a algo mejor. Chorradas. La vida es lo que pasa en el día a día. Si ayer perdí una oportunidad hoy tendré otra. Así puede entenderse a grandes rasgos esta película.

Alberto (Raúl Arévalo) y Luisa (Inma Cuesta) se han mudado con su hijo a un pueblo de montaña para cambiar de aires, aumentar la familia,  y lograr que el cónyuge escriba una nueva novela. Pero nada ha salido como debería: ni Alberto logra concentrarse para escribir, ni Luisa se queda embarazada. Lo que empezó como una aventura es ahora una vorágine de discusiones diarias que aumentan la infelicidad de la pareja.

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Por otro lado está Sara (Candela Peña), mujer acosadora de hombres que quiere encontrar a su media naranja para romper la idea de “loca” que tienen de ella su hermana (la susodicha Luisa), y su intrigante madre, Marisa (Kiti Mánver).

Por último tenemos a Juan (Alberto San Juan), hermano de Alberto, que mantiene una relación muy intensa con una chica veinte años más joven que él, Natalia (Irene Escolar).

En definitiva, una serie de personajes que tienen su vida sumida en un desastre del que a priori no saben escapar.  Un curioso retrato social que va mucho más allá del contraste ciudad/pueblo y ahonda en los sueños incumplidos de los personajes, necesitados de éxito personal en unos, profesional en otros, pero imperfectos en lo mismo: son incapaces de adaptarse a lo que la vida les ha terminado ofreciendo. Un punto, cuanto menos, actual, e interesante de cara al género de la comedia que venimos viendo en los últimos años del cine patrio. No será una obra maestra, pero cumple lo que promete, que no es poco.

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Sí, es una película de actores. De buenos actores, para ser exactos. El reparto al completo responde a lo que se espera de ellos, y su vis cómica convierte diálogos que en boca de otros serían monótonos en situaciones sumamente divertidas. Raúl Arévalo consigue sacar brillo a un personaje que tiene a priori muchas papeletas para resultar un borde de cara al espectador. Pero lejos de eso, logra meternos en su bolsillo aunque discuta con la mismísima Inma Cuesta, tan convincente y entrañable como siempre.

El resto del reparto cumple con creces con el rol que le toca, pero debemos destacar a Candela Peña, porque el de Sara es un personaje secundario totalmente de lujo: una empresaria de éxito que acosa a los hombres vía Facebook, Whatsapp… hasta que éstos huyen despavoridos de ella, claro.

La película tiene puntos de cierta ingenuidad que no estorban, sino que enriquecen el relato. Un film inocente en su planteamiento, pero a la vez pícaro en su ejecución gracias a sus personajes y sus contradicciones, que en este entorno de comedia da muy buenos resultados. El director, Álvaro Fernández Armero, logra un ritmo ajustado y, aunque alguna de las tramas se pueda hacer larga, lo cierto es que la película nunca aburre.

En conclusión, “Las ovejas no pierden el tren” es una propuesta divertida y consigue lo que se propone gracias, sobre todo, a un buen elenco actoral.

  • Dirección: Álvaro Fernández Armero
  • Guión: Álvaro Fernández Armero
  • Fotografía: David Azcano Música: Mikel Salas.
  • Reparto: Raúl Arévalo, Inma Cuesta, Candela Peña, Alberto San Juan, Kiti Mánver, Jorge Bosch, Irene Escolar.
  • Arte: Curru Garrabal.
  • Montaje: Paco Díaz.
  • Producción: Juan Gordon.
  • Productora: Morena Films.

 

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