Ricardo Gómez y Óscar Jaenada brillan en ‘La suerte’, una de las series más valientes de 2025
Hay series que nacen con vocación de polemizar, pero acaban conquistando incluso a quienes se acercan con recelo. ‘La suerte’, la nueva ficción original de Disney+, dirigida por Paco Plaza y Pablo Guerrero, pertenece a esa rara especie.
Lo que podría haber sido una serie sobre la tauromaquia se convierte, capítulo a capítulo, en una comedia existencial y visualmente deslumbrante, que combina costumbrismo, sátira y melancolía para hablar de algo mucho más profundo: la necesidad de entender al otro en una España dividida entre supersticiones, tradiciones y precariedad.
Rodada en 16 mm por el director de fotografía Pablo Rosso, y ambientada en distintas ciudades españolas —de Madrid a Málaga, pasando por Benidorm, Zaragoza o Talavera de la Reina—, ‘La suerte’ acompaña a David (Ricardo Gómez), un joven taxista que prepara oposiciones y malvive encadenando trabajos, hasta que una noche el azar lo cruza con El Maestro (Óscar Jaenada), un torero en horas bajas que cree que aquel desconocido le trae buena fortuna.
El encuentro entre ambos, tan improbable como simbólico, da pie a un viaje lleno de humor, reflexión y surrealismo, donde los toros son solo el telón de fondo de un relato sobre la crisis de identidad y la empatía en tiempos de trincheras.
Desde el primer episodio, la serie juega al despiste. Lo que parece una comedia cañí sobre un antitaurino y un torero acaba convirtiéndose en una road movie sin carreteras, una sucesión de plazas, hoteles y verbenas en fiestas patronales que conforman una España itinerante, folclórica y decadente, donde todo parece repetirse, como si el país viviera atrapado en un eterno bucle de supersticiones, camaradería y precariedad.
Paco Plaza demuestra aquí una soltura admirable fuera del terror, el género que lo consagró con [REC] y La abuela, para explorar con sensibilidad y mordacidad el mundo de la comedia, sin caer en el chiste fácil ni en el retrato complaciente.
El gran mérito de ‘La suerte’ es que no muestra ni un solo toro, pero habla de todos los toros posibles. De los que existen en las plazas, y también de los que cada uno lidia en su vida diaria.
De los miedos, los prejuicios, la soledad y la necesidad de sentirse parte de algo. Con un tono que oscila entre lo berlanguiano y lo esperpéntico, la serie reconfigura lo que entendemos por tradición, retratando lo cañí no como caricatura sino como espejo: un país que baila entre lo sublime y lo ridículo, entre la pasión y la vergüenza.
El duelo interpretativo entre Ricardo Gómez y Óscar Jaenada es de los que hacen historia en la televisión reciente. Gómez, en uno de sus mejores trabajos, interpreta con sutileza al chico corriente que se ve arrastrado a un mundo que detesta, pero que termina comprendiendo desde la humanidad más básica.
Jaenada, por su parte, compone un torero que mezcla magnetismo, patetismo y ternura, más cerca del antihéroe que del mito. Su “Maestro” es un hombre atrapado entre la gloria pasada y la irrelevancia presente, tan supersticioso como perdido.
A su alrededor, una galería de secundarios memorables enriquece la trama: Carlos Bernardino, convertido en un “Joe Pesci” andaluz que roba cada escena con su desparpajo; Pedro Bachura, tan excesivo como entrañable; y Óscar Higares, antiguo torero y ahora actor, que aporta realismo y oficio a un papel que es pura sátira taurina. Sus personajes conforman una cuadrilla de perdedores entrañables, figuras de un “bromance cañí” que recuerda a los personajes de Juncal (Jaime de Armiñán, 1989) y a la poesía humana de Berlanga.
Cada episodio se atreve con un tono diferente: hay un capítulo rodado en blanco y negro y en formato 4:3, otro que adopta la estética del falso documental, e incluso uno que roza el surrealismo puro, con un toro huido como metáfora de la libertad.
Las referencias visuales —de Lost in Translation a Reservoir Dogs, pasando por Tardes de soledad de Albert Serra— conviven con una banda sonora brillante, que mezcla a Lole y Manuel, Rosalía, C. Tangana, Junco y Golpes Bajos, creando una identidad musical tan española como universal.
Pero detrás de su humor y sus excesos, ‘La suerte’ es también una reflexión sobre la precariedad, el azar y el entendimiento entre opuestos. Habla de una España donde la tradición se enfrenta a la modernidad, donde un torero puede compartir carretera con un antitaurino sin que salten chispas, y donde la única suerte verdadera es la que surge cuando dejamos de mirarnos con odio. Paco Plaza y Pablo Guerrero logran así una serie profundamente política sin ser panfletaria, poética sin ser pedante, divertida sin renunciar a la emoción.
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‘La suerte’ es, en definitiva, una de las series españolas más valientes y originales de 2025. Una historia que empieza con dos hombres enfrentados por sus ideas y acaba uniendo al espectador en una misma carcajada. Una comedia sin toros, pero con alma; sin certezas, pero con corazón. Y en tiempos en los que las diferencias parecen irreconciliables, pocas cosas se sienten tan necesarias como eso.
