¿Qué oculta Delia?… La enigmática madre de Gabriel aparece en ‘Sueños de libertad’ – Mejores momentos

La llegada de Andrés a Tenerife ha abierto una grieta inesperada en la historia de Gabriel, y todo parte de la figura más oculta del abogado: su madre Delia.

Andrés no ha dudado en cruzar el océano tras descubrir que la mujer seguía viva, ingresada en una residencia y completamente apartada de su hijo. Con un nombre falso, Enrique Villa, se planta frente a ella dispuesto a reconstruir un pasado que Gabriel siempre ha mantenido bajo llave.

Desde el primer momento, Delia deja claro que está bien atendida gracias a que su hijo paga todos los gastos, pero eso no implica cercanía. Más bien lo contrario. Hace años que él no quiere saber nada de ella, una herida que la mujer arrastra en silencio y que explicará, con voz cansada, cuando Andrés se gana su confianza.

Delia recuerda que cuando Gabriel era pequeño se mudaron a Tenerife. Su marido, el hermano de Damián, permaneció en México por motivos laborales y esa separación marcó para siempre al niño. “Me lo reprochaba constantemente”, admite la mujer. La distancia entre padre e hijo se volvió insoportable para Gabriel, hasta el punto de que, en cuanto pudo ganar dinero con su primer empleo, compró un billete a México.

Ese viaje lo cambió todo. Según relata Delia, el padre de Gabriel ya estaba muy enfermo de cirrosis y falleció a los pocos días de que su hijo llegara. A partir de ese momento, Gabriel regresó completamente distinto, con una dureza que ella no había visto nunca y, sobre todo, con un resentimiento profundo. La culpó de que su padre muriese solo, de haberlos separado, de haber tomado decisiones que él jamás perdonó.

En su charla con Andrés, Delia confiesa algo que duele más que cualquier reproche: no cree que volverá a ver a su hijo. Sus ataques de asma son cada vez más fuertes y teme morir sin que Gabriel se despida de ella. Tampoco sabe dónde está ahora; solo escuchó que quizá pensaba instalarse en París. “Ya le contó más a usted que a mí”, murmura resignada.

La escena deja entrever el enorme vacío emocional que acompaña a Delia desde hace años y, al mismo tiempo, abre interrogantes inquietantes: ¿por qué Gabriel ha eliminado a su madre de su vida?, ¿qué vio realmente en México?, ¿qué parte de su pasado oculta para proteger su imagen… o para protegerse a sí mismo?

Mientras Delia, exhausta, se recuesta para descansar —“Estoy muy cansada… si no le importa, voy a echar una cabezadita”—, Andrés comprende que la mujer es la clave para desmontar la fachada perfecta del abogado. Algo se quebró en aquel viaje, algo que transformó al niño dolido en el hombre distante que todos conocen. Y ahora, por fin, ese misterio empieza a asomarse.

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