Nominadas a los Goya 2017: ‘Que Dios nos perdone’, duelo de titanes

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Madrid. Verano de 2011. La llegada a la capital del Papa Benedicto XVI como parte de las Jornada Mundial de la Juventud y las incesantes protestas de los indignados del movimiento 15-M conviven en una de las peores épocas políticas y económicas que sufre España desde el inicio de la crisis. En este arriesgado contexto, aparecen en pantalla dos policías, Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre) cuya misión consiste en lograr detener a un asesino en serie antes de que el caso llegue a oídos de la opinión pública. Rodrigo Sorogoyen dirige este largometraje que supone su regreso al cine tras Stockholm (2013). Un retorno victorioso para este joven director cuyo guión, escrito junto a Isabel Peña, ya le valió un premio en el pasado Festival de San Sebastián. En este caso, Sorogoyen nos ofrece una película que no desciende de nivel, sino que supera todas las expectativas con maestría. Que Dios nos perdone es la mirada fiel, violenta y ácida del ser humano en situaciones límites. La violencia está presente en un retrato de la capital donde la Policía se enfrentará a sus mayores miedos y batallas indoblegables hasta dar con la pista del asesino.

Dios no parece tener mucho que ver con las actuaciones, decicisiones y el sufrimiento de los personajes de este filme. Nadie perdona sus actos. Y tampoco lo hace Dios. En este sentido, parece que ninguno de los protagonistas comulga con sus creencias. En cambio, si tuvieran fe en algo, las cosas serían diferentes y cabe la posibilidad de que Dios fuese el único capaz de perdonar tales comportamientos. La película de Sorogoyen es una narración de corte costumbrista que evidencia esa idiosincrasia en la que muchos espectadores pueden verse reflejados. Se trata de un thriller policial intenso y vibrante que propone un juego muy interesante al público, ser testigo de la caza de la Policía al asesino como si se tratase del gato que persigue al ratón. Todo ello acompañado de pequeñas dosis de humor que hacen más atractiva esta obra cinematográfica. Roberto Álamo y Antonio de la Torre dan vida a una pareja de policías de lo más variopintas. Uno de ellos es especialmente violento, pues se encuentra inmerso en una vida que sólo le produce repulsión y desagrado. El otro es radicalmente opuesto. Es solitario, intovertido y huidizo. Sin embargo, ambos forman el tándem perfecto para una película policial de estas características. En este sentido, el casting fue un gran acierto. El triángulo actoral formado por los dos policías y el asesino es digno de estatuilla. Roberto Álamo es una de las interpretaciones más brillantes de la cinta que se mimetiza de tal forma con su personaje que terminamos por abominar el carácter irritable y arisco del policía. Por su parte, Antonio de la Torre no se queda atrás. La verdad y el realismo con el que inunda a su personaje completan la perfección de este dúo de titanes interpretativos.

Que Dios nos perdone es una de las películas más desgarradoras de este año. La maestría en el guión y la interpretación la convierten en una de las más atractivas de nuestro cine. Nuestro país se alza como uno de los maestros en el género del thriller con otros potentes largometrajes como El hombre de las mil caras o Tarde para la ira que compiten con la obra de Sorogoyen en la categoría de Mejor Película este sábado en la 31ª edición de los Premios Goya.