A veces cuando el tiempo se agota, una nueva vida comienza. Lo dice la voz en off de Blanca Suárez para dar la bienvenida a la tercera temporada de Las chicas del cable, exitosa ficción española de Netflix que sigue imparable con el paso del tiempo. Se trata de la primera creación española de la famosa plataforma digital que viaja al pasado, se muestra poderosa y rebelde, siempre con la capacidad de reinventarse y superarse en cada nuevo comienzo  desde su estreno aquel 28 de abril. Ese día millones de personas de países de todo el mundo se unieron frente a la pantalla para conocer a un grupo de telefonistas y amigas que siempre se mantienen unidas, resistiendo juntas hasta el final. Desde entonces, hemos sido testigos de su lucha, su amistad incondicional, sus secretos mejor guardados, sus errores y sus victorias. Lágrimas de rabia y emoción, pasión, amores prohibidos, la venganza y la búsqueda de la verdad han sido las máximas que han estado presente a lo largo de sus  tres temporadas.

Un renacer más dramático

Las chicas del cable vuelven con un aire renovado y una nueva historia que contar. Lidia, Ángeles, Carlota, Marga y Sara siguen más unidas que nunca y tendrán que hacerse fuertes ante las adversidades en estos nuevos episodios en los que el drama está mucho más presente. La tercera temporada viene a revolucionar la vida de sus protagonistas con acontecimientos más dramáticos de lo que nos tenían acostumbrados y una muerte inesperada. Se cierran algunas tramas que se plantearon al inicio de la serie y se abren otras nuevas que dejarán a los espectadores pegados a la pantalla casi desde el arranque de la temporada. La oscuridad llega a la compañía de telefonía para cambiar los planes de sus protagonistas. Lidia deberá coger fuerzas para superar, con el apoyo de las chicas, su mayor bache personal y emocional.



La serie recupera su acción en el sorprendente final de la segunda temporada que, nada más empezar, da respuesta a las preguntas que quedaron en el aire, especialmente las que se centran en el personaje de Blanca Suárez. Esta nueva entrega sitúa a Lidia en una situación límite con un enfrentamiento constante con la familia de su actual pareja, Carlos (Martiño Rivas), principalmente con su matriarca Doña Carmen de Cifuentes (Concha Velasco) que se convierte en su gran enemiga y villana de la temporada.

Una boda con un final inesperado. Un nuevo golpe sin revés. Más lágrimas derramadas. En ese momento piensas que no hay marcha atrás. Sólo queda la rendición y aprender de los errores. La felicidad se queda atrás. Y es que cuando la verdad te mira de frente no la puedes dejar escapar. Es lo que le sucede a Lidia Aguilar a lo largo de su lucha incansable por recuperar su felicidad. La joven sólo busca que el tiempo le dé la razón y no siga castigándola. Es el tiempo un enemigo injusto que te sacude y te obliga a pasar página a una velocidad de crucero. Sólo queda el recuerdo. Pero Lidia es indomable y quiere hacer justicia a través de la venganza, lo que le llevará a vivir un final agridulce. A lo largo de la temporada, el dolor no le abandona, permanece con ella constantemente a su lado.

Por otra parte, se potencia el lado más rebelde y reivindicativo de Carlota (Ana Fernández) que está involucrada en Las Violetas, un grupo de activistas feministas que buscan justicia. Además, permanecerá cerca de Sara (Ana Polvorosa), su mayor confidente y consejera. Ángeles  (Maggie Civantos) vuelve a la ciudad e intenta salvarse de la cárcel a cambio de colaborar con el inspector Cuevas (Antonio Velázquez). Marga (Nadia de Santiago) se verá envuelta en un enredo amoroso y su vida dará un giro con la llegada del hermano gemelo de Pablo (Nico Romero).

La historia: un melodrama romántico con valor diferencial

Bambú Producciones tenía claro el producto de ficción que quería vender a una de las plataformas más poderosas de video on demand, una serie hecha para el público en un género que sabían que funcionaría: un melodrama romántico con el mismo tono que otras producciones propias como Velvet y Gran Hotel pero con un valor diferencial: la presencia femenina y giros argumentales que mantienen en tensión al espectador y aguantan la intriga en cada capítulo. Es la historia que el público quería ver, el género que se ve en los hogares españoles y que el equipo de Las chicas del cable ha sabido construir a la perfección.

Un elenco brillante

Las chicas del cable son el eje central sobre el que gira la trama de la primera producción española de Netflix . Era muy importante encontrar a unas actrices que estuviesen a la altura de sus personajes y dieran la talla. Y en este sentido el equipo de casting acertó de lleno con un equipo artístico que muestra su madurez profesional en este proyecto que ha traspasado las fronteras y convertirse en éxito mundial. Blanca Suárez es la piedra angular que sostiene un elenco brillante que muestra su calidad y tienen una química muy especial entre ellas que se palpa al otro lado de la pantalla. Blanca se pone al servicio de la intensidad emocional de su personaje con una entrega. Maggie Civantos construye un nuevo rumbo para su personaje con una especial sensibilidad mientras que Ana Polvorosa consigue romper con su registro más conocido y el mítico personaje de la Lore de Aída y construye un personaje muy necesario dentro de la ficción. Por su parte Nadia de Santiago es generosa y comprometida con Marga. Mantiene la esencia de un personaje humilde y con un gran corazón que se gana el cariño del público con un trabajo mimado al detalle. Ana Fernández es la actuación más destacable de la temporada que consigue el retrato más fiel de una mujer que lucha por su libertad sin perder su elegancia. Y no había mejor actriz para dar vida a Carlota porque ella representa el poder y la libertad. Mención especial al equipo masculino, capitaneado por Yon González y Martiño Rivas cuyos personajes son muy importantes para el desarrollo de la trama.



El espíritu de los años 20

Las chicas del cable consigue una ambientación de época mejorada en esta temporada con una estética muy cuidada en el vestuario que recrea una década en la que las mujeres se incorporan al mundo laboral, la escenografía y la fotografía. Vemos a una Lidia con un nuevo corte de pelo y diseños destacables como el vestido de novia que ayudan al espectador a situarse en la acción convertiendo el vestuario en grito de liberación femenina. Los vestidos y tejidos que llevan sus protagonistas además conectan perfectamente con el carácter de los personajes y su clase social como es el caso de Doña Carmen con un mayor contraste en la iluminación.

Una valiente apuesta por la música

La banda sonora se aleja de la música de los años 20 con canciones más modernas que aportan luz y color a la trama ambientada siglos atrás. El pasado y el presente se unen y ofrecen una combinación ganadora que cumple su función: dar luminosidad a la oscuridad que se presenta en esta temporada que contrasta con los tonos más sombríos que acompañan a las protagonistas y que ya vimos en anteriores entregas, aunque en menor medida.



Su mensaje feminista

Las chicas del cable son el símbolo de la lucha feminista en un mundo dominado por hombres. Se trata de una serie necesaria por el mensaje que lanza a la sociedad, el grito de soy mujer, no pertenezco a nadie, me quiero fuerte y libre con los mismos derechos y las mismas oportunidades. Marga, Lidia, Carlota, Ángeles y Sara se unen para ser independientes y romper los esquemas y los estereotipos de la época y así intentar avanzar en la liberación de la mujer. Además, es muy importante y destacable la visibilidad y normalización que se da al colectivo LGTB a través de los ojos de Sara, el personaje de Ana Polvorosa. Las chicas del cable es una ficción que alza la voz por la igualdad y cuenta la historia desde otro punto de vista muy necesario, el de las mujeres.

La tercera temporada de Las chicas del cable ya está disponible en Netflix.