‘La Promesa’: Ricardo descubre el secreto que atormenta a Pía (Mejores momentos)

El peso de un secreto devastador termina por desbordarse en 'La Promesa'.

Pía, visiblemente agotada tras días de angustia contenida, encuentra en Ricardo el confidente que necesitaba para soltar una verdad que la está consumiendo por dentro: Doña Leocadia es la responsable de la muerte de Jana.

La confesión llega directa, sin rodeos, y la reacción de Ricardo no se hace esperar. «¿Que Doña Leocadia es la asesina?», alcanza a articular, incrédulo ante la magnitud de lo que está escuchando. Pía asiente con la gravedad de quien lleva demasiado tiempo cargando sola con un secreto imposible.

«Es terrible», resume él, aún intentando procesar la revelación. Y no es que dude de la capacidad de Doña Leocadia para hacer daño: «No porque no crea que Doña Leocadia sea capaz de hacer cualquier cosa, sino que yo pensaba que ella y Jana pues llevaban bien».

Todo era una fachada. Todo era apariencia. Y ahora que la verdad ha salido a la luz, al menos entre ellos dos, el verdadero problema se presenta con toda su crudeza: hay que contárselo a Curro.

Ricardo percibe de inmediato el deterioro de Pía y lo señala con cariño, pero ella lo aparta con un gesto resignado. «Creo que cómo esté yo es lo de menos, Ricardo. Lo importante es que Curro se va a volver loco. Y con razón».

La encrucijada es terrible. Pía sabe que debe hablar, que Curro merece conocer la verdad, pero el miedo a las consecuencias la paraliza. «Se van a morir de dolor cuando se lo cuente, pero es que yo les debo contarlo, ¿verdad?», pregunta buscando una confirmación que en el fondo ya tiene. El problema no es si debe decirlo, sino cómo y cuándo. Un intento anterior ya salió mal y Pía acabó perjudicada de forma indirecta, lo que la ha vuelto aún más cautelosa.

Su cabeza es un torbellino. «No dejo de darle vueltas una y otra vez», confiesa con la voz quebrada. Una parte de ella le dice que actúe, que hable con Curro cuanto antes y termine con esta agonía. Pero entonces aparece el otro lado de la moneda, la dimensión que convierte esta situación en una auténtica bomba de relojería: «Le voy a arruinar la boda. Por Dios, Ricardo, que su futura suegra es la asesina de su hermana. Hasta temo la reacción de Curro».

La frase cae como una losa. No se trata solo de revelar un crimen; se trata de dinamitar los cimientos de una boda, de una familia, de una vida entera construida sobre una mentira. Pía lo sabe, Ricardo lo entiende, y ambos quedan atrapados en ese silencio cómplice de quienes comparten un secreto demasiado grande. El reloj corre en 'La Promesa', y cada día que pasa sin que Curro conozca la verdad es un día más en el que Doña Leocadia respira tranquila.

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