‘La promesa’ (Mejores momentos): Vuelta a casa

Petra tiene algo que contar a Gregorio

Petra ha quedado con Gregorio para confesarle: "Que realmente creo que la supuesta muerte de Pía ha sido una pantomima urdida con la ayuda de algunos compañeros".

El mayordomo le pregunta: "¿Y para qué iban a ser algo así?", a lo que ella le responde: "Para que se marchara de una vez y la dejara en paz".

La ama de llaves le continúa explicando: "He visto varias veces a ir a Jana de incógnito con algunos recados para el señor Baeza de los que no me habían informado". Gregorio está sorprendido y le dice: "Si usted lleva razón tendrán a Pía escondida muy cerca de aquí y alguien estará ocupándose de ella".

"Yo creo que puede ser Jana que le estará llevando comida y todo lo que ella necesite", expresa Petra. El mayordomo le confiesa: "Lo primero es comprobar si Pía murió realmente y sé como hacerlo".

Vera cuenta la verdad a Lope

Vera le confiesa a Lope: "Yo no quiero a Santos, ni nunca lo he querido. Es un vanidoso y un soberbio".

El cocinero no entiende la actitud de la doncella, así que ella le expresa: "Yo estoy haciendo todo esto, porque Santos conoce algo de mi pasado que nadie más puede saber y me tiene a su merced".

"No puedes consentir que te trate mal", dice el cocinero muy serio. Pero la joven le aclara: "Intentó pararle los pies". Sin embargo, Lope está muy enfadado y le explica: "Ese mal nacido te está chantajeando y no puedes consentirlo, ni muchos menos permitir que se aproveche de ti".

"Hasta ahora he podido frenarlo", responde Vera. El cocinero está muy nervioso y le advierte: "Va a llegar un día en el que te haga algo que lamentaras toda tu vida y mucho me temo que ese día está muy cerca".

Martina escribe una carta a Curro

Martina está en el sanatorio y le escribe una carta a Curro. Entra esas líneas le expresa: "Mi vida sin ti es aburrida y solitaria, apenas hablo con nadie. Recuerdo a cada momento lo afortunada que era de tenerte a mi lado y lo ciega que estuve por no saber ver mi suerte".

Ella le confiesa: "Ni siquiera vivo en La Promesa, sino encerrada en un sanatorio" y añade: "Me obligan a tomar pastillas todos los días".

La joven no puede parar de llorar y le explica lo que ocurrió en palacio: "Todo comenzó porque alguien envenenó al conde de Ayala, y a quién crees que acusaron, sí a mí.

Me acusaron de querer matarlo por querer casarse con mi madre. Yo sé que si tu hubieras estado en La Promesa me habrías defendido, pero no estabas".

Se despide diciéndole muy emocionada: "Yo quiero ser fuerte, salir de aquí y cuando regreses de esa guerra estemos juntos para siempre".

Gregorio descubre que Pía está viva

Gregorio le confiesa a Petra: "Fui al pueblo de Pía y visite el cementerio, su tumba tenía la tierra removida. Espere a que se hiciese de noche para hacer las comprobaciones pertinentes", y añade: "Al abrir el ataúd estaba vacío".

Petra está muy sorprendida con la noticia, así que el mayordomo le aclara: "Pía vive y estará escondida en algún lugar cerca de aquí y al cuidado de esa entrometida de Jana”.

"¿Y qué piensa hacer usted ahora?", pregunta la ama de llaves. Gregorio le responde: "Seguir a esa doncella, averiguar dónde va cuando sale de palacio y dar con el paradero de mi esposa. Para ello necesito su ayuda".

"Cuente con ello", contesta Petra. En ese momento María está en la cocina y descubre que los dos están manteniendo una conversación, pero ellos no se dan cuenta de la presencia de la joven.

Martina ha sido engañada

Martina le pide a su compañera del sanatorio que envíe la carta que le escribió a Curro, así que la joven consigue cumplir con ese recado. La sobrina del marqués está muy feliz, pero hablando con Juana descubre que ha leído la carta.

En ese momento a la joven se le cae algo, así que Martina coge el objeto y dice: "Es mi pulsera". Pero Juana le responde: "Que dices, es mía".

"No, es la pulsera que le ibas a dar al celador para que le pudiera enviar la carta a Curro", responde Martina. Sin embargo, la joven le dice muy seria: "Está pulsera es de Martina", así que la sobrina del marques le contesta muy sorprendida: "Y Martina soy yo".

"Eso no es verdad, yo soy Martina y Curro es mi novio", expresa Juana muy enfadada. Martina quiere quitarle la pulsera, pero Juana coge a la joven del cuello y comienza a estrangularla.

Vera quiere volver a estar con Lope

Vera le confiesa a Lope que se va a enfrentar a Santos. "Tengo que pararle los pies porque sino esto irá a más", dice la doncella. Pero el cocinero le comenta: "Y si decide revelar el secreto de tu pasado".

La doncella le expresa: "Pues entonces tendré que asumir las consecuencias", a lo que el joven le dice: "Si al menos me contases de qué se trata". Sin embargo, Vera no quiere contarle su secreto, así que el joven le responde: "Esta bien, como prefieras".

Vera le propone: "Y si quieres después de que solucione todo esto, podemos volver a recuperar lo que había entre nosotros". El cocinero le responde: "Claro porque lo necesito como respirar". ¡Los dos se besan apasionadamente!

Adriano invita a Catalina a cenar

Adriano está con Catalina en el hangar, ya que el joven le ha diseñado una librería para que la hija del marqués pueda colocar todos sus libros. Él quiere saber qué libro se llevaría a una isla desierta, así que ella le responde que no le importaría volver a leer 'Orgulloso y Prejuicio’.

La hija del marqués le confiesa que también se llevaría 'Fortuna y Jacinta'. "Cuenta la historia de dos mujeres, una pobre y otra rica que se enamoran del mismo hombre. Era el libro que quería regalarte y esta en una lengua que tú entiendes".

"Podría aceptarlo con una condición", propone Adriano. La joven se sorprende y le pregunta: "¿Y cuál es esa condición qué quieres poner?", a lo que él le aclara: "Que aceptes mi invitación a cenar".

"¿Cuándo? ¿Y dónde?", pregunta Catalina. El joven le explica: "Esta noche aquí, si no le parece mal", así que la hija del marqués le responde: "Esta bien".

Catalina se siente bien con Adriano

Adriano le muestra a Catalina los platos que van a cenar. Los dos se sientan y Adriano le explica: "He traído un pisto y que he hecho con estas manitas de aquí, y con verdura de la huerta".

"Huele muy bien", dice la joven. Adriano continúa sacando de la cesta un pollo y una botella de vino. "Yo sé que todo esto para usted es demasiado humilde, pero le aseguro que todo está hecho con mucho cariño", expresa el joven.

Catalina le confiesa: "A mí me parece una cena perfecta", y añade: "Tú haces que me olvide de todo lo malo que hay alrededor, es como si dejara de verlo. Cuando estoy contigo me siento muy bien y me siento yo, tal y como soy".

Adriano también le expresa: “A mí me pasa igual, con usted puede ser yo mismo".

La primera vez de Adriano y Catalina

A Catalina le ha encantado la cena que le ha preparado Adriano, pero le confiesa que lo más le gusta es la compañía. Ella también ha llevado unos pastelitos preparados por Lope.

La hija del marqués le propone al joven un juego: "Tu cierra los ojos, yo te doy a probar pastelitos y tienes que adivinar de que están hecha la mermelada que lleva cada uno de ellos".

"Esta bien", responde Adriano. Los dos comienzan a jugar, el joven prueba el primer pastel y se da cuenta que lleva mermelada de arándanos.

Adriano está muy sorprendido con los sabores de las mermeladas y con los ojos cerrados le pide que le dé otro pastel.

Pero la joven se acerca y le da un beso en los labios. ¡Los dos se besan apasionadamente y empiezan a quitarse la ropa!

El despertar de Catalina y Adriano

Adriano se despierta y le pregunta a Catalina: "¿Usted está bien?", a lo que ella le responde: "Me vas a seguir tratando con tanto formalismo, después de lo de anoche".

"Creo que han sido uno de los mejores despertares de 'to' mi vida, sino el mejor. Y la mañana es buena, porque la noche ha sido maravillosa", expresa el joven.

Él continúa confesándole: "Mi corazón estaba parado y tú lo has revivido, ¿sientes lo mismo que yo?", a lo que ella le responde: "Desde luego".

Adriano le dice: "Si fuera por mí hubiese seguido en la cama despierto, sintiendo su cuerpo junto al mío". Sin embargo, la hija del marqués le comenta: "Yo me voy a poner a recoger, que está todo desperdigado y mangas por hombro".

Así tratan a Martina en el sanatorio

Martina está dormida en la cama, pero se despierta y pregunta: "¿Qué pasa?". En el dormitorio hay una enfermera con dos auxiliares llenando una bañera con agua y cubitos de hielo.

La joven les pregunta muy nerviosa: “¿Qué hacen?", pero los hombres se acercan a ella y la levantan. La joven grita con desesperación: "Por favor, no me hagan nada".

La enfermera le responde: "No te preocupes". Martina se resiste, pero los dos hombres consiguen meterla en el agua congelada durante unos segundos.

La sobrina del marques no para de llorar, así que la sacan del baño y le ponen una toalla. Martina se queda en la cama sola y llorando desconsoladamente.

Manuel y Curro regresan a La Promesa

Curro y Manuel regresan a La Promesa, así que todos los miembros de la familia Luján se emocionan. Cruz no puede parar de llorar mientras abraza a su hijo.

El marqués expresa con alegría: "Estáis sanos y salvos". Manuel también dice con ilusión: "Ya estamos aquí los dos de vuelta en La Promesa", y añade: "Tanto Curro como yo hemos vuelto a nacer".

"Esto hay que celebrarlo, hoy es un día muy feliz", dice Cruz sin parar de llorar. Pero los jóvenes quieren darse un aseo, así que Manuel le dice a Ricardo: "Podría decir a Doña Pía que avise alguna doncella para que nos prepare la bañera".

Todos se quedan callados y el joven expresa: "Qué sucede he dicho algún inconveniencia". Su padre le explica: "Desgraciadamente la señora Adarre ha fallecido".

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