‘La promesa’ (Mejores momentos): Pia confirma las sospechas de Curro
La horrible y pesada carga de Curro y María
María está limpiando el salón pero Curro se da cuenta que continúa con la mirada perdida. Curro se acerca y le confiesa a María: "Sé por lo que estás pasando María, y ella le pregunta: "¿Y tú cómo consigues llevar el día a día?".
El lacayo le responde muy serio: "No lo sé, te diría que es lo que ella querría, pero eso me sirve de bien poco porque ya no está. Tenemos que hacer un gran esfuerzo porque ella ya no está y mirar hacia adelante".
La doncella no está de acuerdo y le expresa: "Yo lo siento mucho Curro pero no me puedes ayudar, ni tú ni nadie", y añade: "A dejado un vacío dentro de mí que yo no consigo superar". El joven se emociona y le contesta: "Si yo siento lo mismo, supongo que la ausencia de Jana nos afecta de la misma manera a los dos".
Lorenzo sabe que Leocadia está tramando algo
Lorenzo le confiesa a Leocadia que sabe que quiere conquistar al marqués. La amiga de Cruz no está de acuerdo y le contesta: "Eso que dices no tiene ningún sentido".
Él continúa expresándole: "Y por último te instalas aquí", pero Leocadia le comenta muy seria: "No puedo seguir perdiendo mi tiempo hablando conmigo, no ves que estoy ocupada".
"Desde luego tienes mucha tarea por delante pero si confías en mí, yo podría aconsejarte sobre el siguiente movimiento", argumenta el cuñado de Cruz. Pero Leocadia se enfada y le grita: "Basta ya", y Alonso le contesta con frialdad: "Esta todavía no es tu casa".
La amiga de Cruz le responde con odio: "Te lo puedo decir por las buenas, pero también te lo puedo decir por las malas", a lo que Lorenzo le aclara: "Sigue con tus movimientos, pero no te olvides que te vigilo de cerca".
Recuerdos de Jana
Teresa se acerca a Pía y le pregunta si está sería por la tensión que vivió con la desaparición de Dieguito.
La doncella le explica que está seria por la ausencia de Jana. Las dos empiezan a recordar los momentos que vivieron junto a la doncella. "Yo si no es por ella no fuera sobrevivido al parto, bueno ni yo ni mi hijo Dieguito, claro está", confiesa la señora Adarre.
Teresa le confiesa: "Ella ayudó al doctor Bueno a un parto que era muy complicado". La señora Adarre le expresa: "Tampoco dudó para fingir mi muerte y protegerme de Gregorio", y Teresa le recuerda: "También entró en aquel convento para rescatar a su hijo".
Las dos están muy emocionadas y Pía le confiesa a la doncella: "Quizás de esta casa soy la persona que más le debe la vida a Jana".
Catalina ha conseguido alejar a Adriano definitivamente
Catalina está sola en el hangar leyendo unos libros y en ese momento aparece Adriano. A la joven no le agrada su presencia pero él le confiesa: "Lo que te dije te lo dije de corazón".
La hija del marqués le pregunta muy sería: "¿Y eso qué significa?", a lo que él lacayo le contesta: "Que quiero casarme contigo y hacerme cargo de esos niños".
La joven se enfada y le aclara muy enfadada: "Yo ya soy mayorcita, puedo asumir mis errores y sus consecuencias. Y seguramente otra persona necesitaría ayuda, pero yo no", y el joven le expresa: "Todo el mundo necesita la ayuda de alguien y tú también".
Ella le grita que no quiere estar con él, pero el lacayo también se enfada y le contesta: "No veo ningún motivo para estar contigo sabes por qué, porque eres insoportable". ¡Adriano se marcha del hangar y Catalina rompe a llorar!
¡Catalina se ha puesto de parto!
Catalina se encuentra con Curro y Ángela en el campo, pero la joven está tumbada en el suelo porque se ha puesto de parto. La hija de Leocadia decide ayudarla y le explica muy nerviosa: "Catalina vamos hacerlo, necesito que cuando sienta una contracción empuje con fuerza".
Catalina grita de dolor y Curro le expresa: "Lo estás haciendo muy bien". Ángela le pide: "Un poco más, un poco más", y le continúa expresando muy alterada: "Veo la cabeza, un poco más, un poco más".
La hija del marqués continúa empujando pero no puede parar de gritar. La hija de Leocadia le confiesa: "Está saliendo Catalina", y añade: "Lo tengo, es una niña Catalina, es preciosa". Catalina le pregunta: "¿Está bien mi niña?", a lo que la joven le responde: "Es perfecta, necesitamos algo para cortar el cordón".
Curro le expresa: "Tengo mi navaja por aquí". Los dos comienzan a cortar el cordón umbilical, pero en ese momento Catalina se desmaya. Curro se acerca a ella y le comenta muy nervioso: "Catalina no por favor, no por favor".
La revelación sobre la muerte de Jana que lo cambia todo
Pía le confiesa a Curro que decidió desenterrar el cuerpo de Jana, pero necesitó la ayuda de un mozo. Curro le contesta muy nervioso: "Es que debería haberme avisado, podríamos haberlo echo juntos".
La doncella no puede parar de llorar y le expresa: "Eso ya da igual lo importante es que tú tenías razón", pero el lacayo se sorprende y le pregunta: "¿En qué tenia razón?".
La señora Adarre le expresa: "Ya sabes a lo que me estoy refiriendo", a lo que él le pregunta: "¿Cómo estaba Jana?". La doncella sigue muy emocionada y le confiesa: "Yo no sé si es que han sido unos días muy fríos, Jana estaba exactamente igual que el día que la enterramos, salvo por una cosa".
El joven está muy alterado y le pide: "¿Qué cosa? Doña Pía dígamelo por favor", a lo que ella le contesta: "El color de su piel estaba azul, también las uñas y la lengua".
¿Es el fin de la boda entre Martina y Jacobo?
Martina quiere solucionar sus desencuentros con Jacobo, pero el joven le expresa muy serio: "Me has hecho daño con tus reproches sin sentido".
"Tal vez no me entiendes bien, mi enfado no vino porque no me gustaran las alianzas de hecho me parecen preciosas", confiesa la sobrina del marqués. Jacobo le contesta con ironía: "Ya", y la joven le continúa explicando: "Mi enfado vino porque no me tuviste en cuenta para tomar una decisión como esa, es que ese anillo lo voy a llevar en mi dedo el resto de mi vida".
"Nuestra boda también va a ser algo único e irrepetible, y tú te has puesto a tomar decisiones unilateral al respecto", contesta Jacobo.
Martina le expresa: "Te refieres a que mi madre no vaya asistir al enlace", a lo que el joven le aclara: “Sí por ejemplo, o a que solo quieras una ceremonia íntima con los más allegados". La sobrina del marqués se enfada y le comenta: "Otra vez con eso", y Jacobo le comenta: "No seria mejor que te disculparas".
Martina se quiere marchar pero Jacobo se levanta y le confiesa muy enfadado: "Esta boda te importa bien poco, a ti solo te importa ese entretenimiento que te has buscado con eso de la finca". La sobrina del marqués no entiende la actitud de su prometido y le contesta: "Me estás haciendo daño".
Catalina necesita ayuda
Ángela se ha marchado con el bebé a buscar ayuda y Curro se ha quedado con Catalina. El joven está muy nervioso y le pide: "Catalina, por favor", pero la joven no reacciona y él continúa gritando: "Ayuda".
Curro le expresa muy alterado: "Abre los ojos, por favor". En ese momento Catalina despierta y le pregunta: "¿Curro?", a lo joven le contesta: "Sí, soy yo". La hija del marqués le pregunta: "¿Cómo están mis hijos?", él le responde: "Solo ha nacido una de las criaturas".
Ella quiere levantarse pero el lacayo quiere incorporarla. La hija del marqués le aclara: "Tú tienes una lesión", pero el joven le responde: "Eso da igual". Aunque Curro pone de su parte no consigue levantar a Catalina y deciden continuar en ese lugar hasta que vuelva Ángela.
"Tú eres el padre de esos niños"
Manuel y Adriano se encuentran en el hangar, pero el lacayo está preocupado por el estado de salud de Catalina. Adriano aprovecha ese momento para confesarle al hijo del marqués que discutió con su hermana y cree que ese conflicto le provocó el parto.
Pero Manuel no está de acuerdo y le pide que no se preocupe. El lacayo le expresa: “Quizás sea el momento de avisar a Don Pelayo, no sé lo que pasó entre él y Catalina. Supongo que la cosa no salió bien pero habría que informalé Don Manuel, al fin y al cabo es el padre de los niños".
"No te falta razón Adriano, pero Pelayo no tiene nada que ver con todo esto", responde el joven. El lacayo se sorprende y Manuel le confiesa: "Eres tú, tú eres el padre de esos niños".
