‘La promesa’ (Mejores momentos): «Me gustaría que fueras mi novia»
Abel pide a Jana que sea su novia
Abel le agarra la mano a Jana, pero ella está incómoda y le dice: "¿Qué haces?", a lo que él le responde: "Darte las gracias por el apoyo".
El doctor le explica que le encanta sus consejos y su forma de preocuparse por él, y añade: "Yo no sé qué habría sido de mí en estos días, si tú no llegas estar a mi lado, lo he pasado muy mal".
"Lo sé", afirma la doncella. Él continúa diciéndole: "Y tú siempre has estado pendiente de mí, preocupada porque estuviese bien. No sé cómo decirte esto, creo que me enamorado de ti y me gustaría que fueras mi novia".
En ese momento entra María corriendo en la cocina para avisarle que Jimena se ha desmayado.
La sonrisa de Jana alegra el corazón de Manuel
Manuel y Jana están muy felices porque Ramona ha vuelto. La doncella le explica que lo único que sabe es que estuvo cobijada en una cueva, porque se perdió en el bosque.
El hijo del marqués le pregunta: "No sé Jana, suena raro, ¿y se sabe que cueva es esa?", a lo que la doncella le responde: "No, de hecho creo que ni ella lo sepa, estaba muy desorientada, de todas formas a mi esto también me parece muy raro y por eso voy a ir a verla cuanto antes".
Ella le continúa explicando que le irá contando más detalles. "Sí, por favor que esta historia me tiene bastante mosqueado y así tendré una excusa para verte", afirma el joven.
Jana sonríe y él le confiesa: "Ver tu sonrisa y escuchar tu voz es una de las pequeñas cosas que me alegra el corazón últimamente".
María tiene claro de quién está enamorada
Jana se da cuenta que a María le ocurre algo y le dice: "Has perdido algo muy importante con tal de que ellos no pierdan nada". Su amiga le responde: "Yo estoy muy contenta de que Salvador y Lope vuelvan a tener la relación de antes y, además, de verdad de que tendrías que verlo fuera y dentro del trabajo".
Jana no está de acuerdo con la doncella, pero María le continúa explicando: "Antes todo eran rencillas y malos gestos, y ahora es todo sonrisa y lealtad, lo que siempre hubo y nunca tuvo que dejar de haber, así que yo solo por eso estoy contenta".
"Está muy bien que sean amigos, pero no puede ser a tu costa", afirma Jana. Su amiga no sabe a qué se refiere, así que la joven le explica que ella ha perdido el amor y por eso está tan triste.
"Pues puede ser", le responde María. Jana le confiesa que no sabe de quién está enamorada, por qué ni siquiera lo sabe ella, a lo que María le contesta: "Claro que lo sé, cómo no lo voy a saber, sé perfectamente con quien me quiero levantar cada mañana y a quien quiero abrazar por las noches".
Jana intenta animar a Abel
Abel le confiesa a Jana que le encanta investigar y trabajar en el laboratorio, pero se ha dado cuenta que pasa muchas horas solo y que no sabe tratar a los pacientes.
"Me tortura pensar que nunca seré un buen médico", afirma el joven. Jana no está de acuerdo con esa reflexión y le dice: "Tú ya eres un buen médico".
Abel continúa explicándole: "Pero, sobre todo, me tortura pensar que otro médico pudo haber echo las cosas mejor con Jimena". Jana sigue sin estar de acuerdo con el doctor y le explica: "Eso es una absurdez y no me gusta que te trates así, Abel tú vales mucho, como médico y como persona".
La doncella le continúa explicando: "Entiendo perfectamente que tengas dudas y que estés preocupado, pero soy completamente consciente de todo lo que debes hacer y he podido ver tu gran pasión por la medicina, y también he podido ver lo mucho que te gusta seguir aprendiendo día a día".
Abel le da las gracias por sus palabras, la doncella le coge la mano y le dice: "No puedes rendirte porque tus pacientes te necesitan y Doña Jimena también te necesita pero, sobre todo yo también te necesito". ¡Los dos se miran y se besan apasionadamente!
Feliciano se enfrenta a Petra
Petra le dice a Feliciano muy enfadada: "Que horas son estas de llegar y encima borracho". El joven le aclara: "Estaba tomándome unos chatos con mis compañeros que para una vez que me invitan”.
Petra considera que sus compañeros quieren estar con él, porque ha traicionado a su hermana y a la señora marquesa. "No me mires así, gracias a ti recibieron los tarros para las mermeladas, sé que fuiste tú", afirma la ama de llaves.
"Con eso estas reconociendo que me engañaste y que no llevaste el encargo a la fábrica de villa Aquino" dice el joven, así que Petra le responde con soberbia: "Por supuesto que no lo lleve y tú tampoco tendrías que haberlo echo. Tú obligación era justamente la contraria, me has hecho fracasar ante la señora".
Feliciano se enfada con la actitud de Petra y le reprocha: "Tú te estás oyendo, no te ha importado engañarme y dejarme a mí en evidencia para echar a perder el negocio de todas esas personas, y me dices que soy yo el que te hecho fracasar".
La ama de llaves le continúa explicando que ellos deben satisfacer los deseos de la marquesa, para que ella esté contenta y añade: "Porque es ella quien paga nuestros salarios, no el señorito Pelayo, ni la señorita Catalina".
El joven no entiende la actitud de Petra y afirma: "Se acabó, eres mi hermana y te lo debo todo, pero a partir de este momento no te voy a obedecer solamente por eso".
Ella cree que el vino no le deja pensar, a lo que él le responde: "No es el vino, escúchame Petra, voy a seguir trabajando de sol a sol si hace falta, pero no voy a volver hacer nada que esté en mi contra y te prometo que no entiendo por qué no obras igual".
Feliciano se disculpa con Petra
Feliciano quiere regalarle a Petra una pulsera, pero ella le dice: "Para qué me traes esto, yo no quiero tu pulsera".
El joven le confiesa: "Es un regalo, me gustaría pedirte perdón, ayer dije cosas de las que me arrepiento, sobre todo, porque sé que te hice sufrir. Hermana tú eres lo más importante que tengo en la vida y me has cuidado más que nadie en este mundo, y ayer no me comporte como debía".
Petra está callada escuchado las palabras de su hermano, pero decide coger el regalo. Él le continúa explicando que quiere seguir quedando con los compañeros del servicio.
Petra se enfada y le dice: "Estás cometiendo un error", a lo que él le aclara: "Puede ser, pero tengo derecho a equivocarme, yo antes de llegar a La Promesa no tuve la oportunidad de hacer amigos y aquí me siento arropado, y no pienso volver a traicionarles".
Jimena se desmaya
Cruz está en el salón con Alonso y Jimena. La marquesa no entiende por qué está Alonso tan ausente, a lo que él le informa: "Estaba pensando en Manuel, esta planteándose volver a competir".
Cruz no entiende la actitud de su hijo y Jimena se pone muy nerviosa al escuchar la noticia. "No le basta con perder a un hijo, que ahora quiere ponerse él también en riesgo", dice la joven.
El marqués le comunica que todavía no a tomado una decisión, ya que solo se lo está planteando. La marquesa le responde: "No seas ingenuo, si te ha dicho eso, es porque ya está buscando una competición en la que inscribirse".
Cruz quiere saber si él le ha dejado claro que no puede volver a volar, a lo que Alonso le responde: "No fui capaz porque cuando me lo dijo estaba tan hundido".
Jimena quiere hablar con él para que Manuel cambie de opinión, pero Cruz le explica que será ella la que le explique que no puedo volver a las andadas.
"Como puede ser tan irresponsable, no se da cuenta que nos hace sufrir a todos, es una estupidez, una insensatez", afirma la marquesa. En ese momento Jimena empieza a encontrarse mal, porque le da un ataque de ansiedad y termina desmayándose.
La marquesa le pide a María que llame a un médico y el marqués le pregunta muy preocupado a la joven: "¿Jimena estás bien?"
Nadie entiende el dolor de Jimena
Jimena está en el jardín con Cruz, así que la marquesa aprovecha ese momento para decirle: "Me sorprende lo rápido que te has repuesto de la pérdida de tu bebé".
Jimena se enfada y le contesta: "Estás insinuando que no siento dolor por lo ocurrido, dígame señora marquesa qué tengo que hacer según su criterio, encerrarme en mi habitación, y llorar día y noche".
La joven le sigue confesando: "Usted no tiene más remota idea de cómo me siento y de lo rota que estoy, y tampoco tiene idea de lo que es sentir que tu bebé yace muerto en tus entrañas".
Cruz se siente mal al escuchar las declaraciones de la joven, incluso, se emociona.
Feliciano pone a Petra en su sitio
Petra le dice a Candela que no entiende porque está tan risueña, ya que Don Carlos se ha ido. La cocinera le responde muy enfadada: "A usted si que no la van a dejar 'planta', porque no hay varón que se acerque ni a dos metros".
"Ni falta que me hace, porque yo tengo respeto por mi misma", afirma la ama de llaves. Feliciano esta incómodo con la actitud de su hermana y le dice: "Deja de provocar".
Petra se acerca a él y le explica que ella no está provocando. "Candela no te ha dado ningún motivo para que le ataques de una manera tan hiriente", afirma el joven.
La ama de llaves se marcha muy enfadada. Simona consuela a Candela y le dice al joven: "Le has puesto en su sitio muchacho".
Catalina hace que Pelayo olvide su tristeza
Catalina le comenta a Pelayo que se ha dado cuenta que está triste, a lo que él le contesta: "No sé, porque dices eso, estoy radiante e ilusionado".
Ella le confiesa que aunque sonría se le nota en la mirada que no está bien. "De modo que no puedo fingir ante usted, veo que soy como un libro abierto", dice Pelayo.
La joven quiere saber qué le ocurre, así que él le informa: "Se acerca la fecha del aniversario de la muerte de mis padres". Candela le coloca la mano en el hombro y le comenta: "Supongo que se le agolpa un montón de recuerdos, si puedo hacer algo por usted".
Pelayo sonríe y le confiesa: "Ya lo está haciendo".
Cruz y Pelayo tienen un trato
Pelayo le dice a la marquesa que todo irá bien, pero Cruz le confiesa: "Nada irá bien hasta que Catalina se haya ido de La Promesa".
"Y en ello estoy, pero no hay que precipitarse", afirma el joven. Ella le informa que no ve resultados, así que él le aclara: "Los tendrá se lo aseguro".
"Se suponía que venía a seducir a Catalina, pedirle la mano, casarse con ella y llevársela de aquí, y qué ha hecho en su lugar, montar un negocio de mermeladas", dice Cruz.
Pelayo le continúa informando: "Tenemos que ser pacientes, Catalina es muy inteligente y si nos apresuramos podría darse cuenta del paripé".
La marquesa le exige: "Quiero resultados ya, porque estoy harta de aguantarla", así que él le comenta: "Con el negocio de las mermeladas me he ganado su confianza y pronto me ganaré su corazón".
Catalina lleva a Pelayo a su lugar favorito
Catalina decide ir a un rincón del jardín con Pelayo y le explica que ese lugar era el favorito de su madre, y ahora el de ella.
"Aquí pasaba las horas leyendo, escuchando los pájaros, disfrutando del jardín y por eso cuando murió le pusimos esa placa en su recuerdo", explica la joven.
Ella tiene un ramo de flores en sus manos, así que Pelayo le pregunta si es para su madre, pero la hija del marqués le explica que son para sus padres, ya que ya mismo se acerca la fecha del aniversario.
Pelayo está muy sorprendido con la actitud de Catalina y afirma: "Para mis padres, no sé qué decir".
"Pues no diga nada, si le parece bien podemos venir a menudo a traerles flores", dice la joven. Pelayo se emociona y le confiesa: "Gracias Catalina es un detalle muy bonito, no creas que han tenido muchos así conmigo".
Los dos están muy emocionados, así que el joven le confiesa a Catalina que echa mucho de menos a sus padres y añade: "Verme solo en este mundo me está siendo muy duro". Los dos se abrazan y deciden besarse en el jardín de La Promesa.
