‘La promesa’ (Mejores momentos): La relación de Curro y Martina
Martina recibe flores
Los marqueses están en el salón con los padres de Martina, en ese momento entra Mauro con un ramo de flores y le entrega a Cruz una tarjeta. La marquesa lee el sobre y dice: "Es para ti Martina".
La joven decide leer la nota, pero no quiere leerla en público, así que su madre le quita el papel y le dice: "Te ha mandado un ramo el primogénito del duque".
"Deberías estar feliz hija, no se recibe un ramo así todos los días, debe costar un dineral", afirma el padre de la joven. Curro está sentado en el sofá muy serio y no para de mirar a su prima, ella también lo mira a él.
La madre le dice que guarde la tarjeta, pero ella le responde: "No la quiero, ni siquiera sé lo que quiere decir Don Antonio con sus palabras".
Ella le pide a Mauro que se lleve las flores al patio, para que el servicio pueda disfrutar de las flores. "De eso nada, estás flores son para ti, no para el servicio", afirma la madre de Martina.
Curro no cree a Martina
Curro está enfadado con Martina porque considera que es una mentirosa, pero la joven le dice que ella no le ha metido en ningún momento. "Me ocultaste que te habías besado con el hijo del duque de Carvajal Cifuentes", afirma su primo.
Ella considera que callar no es mentir, no entiende que le eche en cara lo del beso, ya que hace unos días al joven no le importaba ese encuentro. "A mí lo del beso me da exactamente igual, a mi lo que me importa es que no me contarás nada, que si no llega a ser por tus padres yo no me entero", responde Curro.
Ella le confiesa que no le dio importancia al beso y no sabía que el hijo del duque quería casarse con ella, ya que él tenía novia. "Aunque mis padres se empeñen, no voy a consentir que me casen con él", señala la joven.
Abel llama "bruja" a Jana
Jana le dice al médico que está muy feo criticar el trabajo de otra persona delante de los demás, ya que sabe que ella no puede replicar porque es una sirvienta. Le continúa explicando que ella ha cuidado muy bien de Doña Jimena.
Abel le responde que ella no sabe nada de cuidados, porque él único que sabe de medicina es él. La doncella se enfada y le confiesa que es un arrogante y un prepotente.
El médico le comenta que ella no puede curar solo con hierbas. "Me recuerdas a los hombres de antaño que acusaban a las mujeres de brujería", afirma la joven. Abel no entiende la actitud de la joven y le dice: "Le conozco poco, pero sí que puedo decir que algo de bruja si que tiene".
Salvador accede a visitar a un médico
Salvador le pide perdón a María, porque sabe que ella quiere ayudarle y no se merecía sus malas contestaciones. "Yo también me metí donde no me llamaban con eso de que fueras a ver al doctor", señala la doncella.
Él le explica que le da mucha angustia su ojo y que es un tema muy delicado. "Aún conservas el ojo, a lo mejor hay alguna posibilidad de que puedas ver, por favor, deja que el doctor te eche un vistazo".
Salvador no está seguro, pero María le dice que puede ir con él, para que lo vea el doctor. El joven le confiesa que él médico del ejército le dijo que siempre sería un tuerto, pero la doncella le insiste en que a lo mejor hay alguna posibilidad de recuperar la visión. "Te prometo que lo pensaré", afirma el joven.
Martina no sabe que hacer
Martina está muy triste y le confiesa a Catalina que no quiere casarse con el hijo del duque. "Oponerte frontalmente a la opinión de tus padres y a la sociedad en general, no creo que sea la mejor idea, bueno así no vas a conseguir lo que tú quieres", dice la hija del marqués.
Su prima le pregunta qué es lo que tiene que hacer, a lo que Catalina le responde: "Espera a ver cómo avanza el asunto, aún puede pasar muchas cosas, la boda del año no se prepara en tres tardes y tienes tiempo de echarte atrás".
Martina le dice que si deja pasar el tiempo va a ser peor y le pregunta si lo deja plantando en el altar, aunque su prima le responde: "Depende de lo que quieras hacer, si quieres pasar a la historia y hacerte famosa, eso es justo lo que tienes que hacer".
Manuel asegura a Abel que Jana no es como las demás
Abel le confiesa a Manuel que no tiene buena relación con Jana, porque es muy hostil con él y es una persona desafiante. "Supongo que la cosa se torció un poco cuando tuvisteis ese accidente en el camino”, afirma el marido de Jimena.
El médico reconoce que no han empezado con buen pie, pero el hijo del marqués le dice: "Es importante que te esfuerces un poco más y que le des otra oportunidad".
El médico no entiende porque tiene que esforzarse cuando ella no lo hace, el hijo del marqués se ríe y le responde: "Ella no es como las demás doncellas, además, sé que esto te va acostar creerlo, pero Jana es una persona encantadora y siempre está preocupada por el bienestar de los demás, sin esperar nada a cambio".
Abel le comenta que intentará llevarse bien con ella, pero no sabe si lo conseguirá.
Jana no entiende a los hombres
Jana le explica al médico que ella ha cuidado muy bien de Jimena y se ha preocupado de sus dolencias. "Yo ya he examinado a Jimena y me atrevo a decir sin temor a equivocarme que no le pasa nada, alguna dolencia pero lo normal en su estado, otra cosa es que algunas mujeres durante su embarazo se quejen por las más pequeñas de las minucias".
Él le continúa explicando que al dar importancia a esas preocupaciones infundadas de la paciente empeoró el asunto. "Estoy de acuerdo con usted en que Doña Jimena no está enferma y en que a Doña Jimena no le pasa nada, pero Doña Jimena se ha estado quejando y mucho", dice la doncella.
Abel le explica que las quejas carecen de valor científico, la doncella se enfada y le dice que él piensa que las mujeres embarazadas se quejan por todo, porque no son capaces de aguantar el dolor como lo haría él. "Estoy segura que si a usted le hubiera tocado la tarea de parir, a usted y a todos los hombres nos hubiéramos extinguido hace mucho", añade la joven.
Martina y Curro hacen las paces
Curro le pide disculpas a Martina porque le dijo que era una mentirosa y la culpable de toda la situación, el joven se ha dado cuenta que ella es una victima. "Tú no tenías ni idea de la pedida de mano del hijo del duque", dice el joven.
Su prima también le pide perdón, porque sabe que le ha hecho daño. Curro le pregunta cuáles son sus planes, a lo que Martina le responde: "No voy casarme con un hombre al que apenas conozco solo porque sea la voluntad de mis padres, aunque eso signifique que me eche de casa con una mano delante y otra detrás".
Ella le continúa explicando que necesita estar sola, el joven le dice: "Te voy a esperar lo que haga falta".
¿Podrá recuperar Salvador la vista?
Abel ha quedado con María y Salvador para decirles que debe cambiar la medicación, ya que la pastilla que estaba tomando Salvador era la causante de sus cambios de humor.
La doncella le pregunta si Salvador va a volver a ser el de antes, pero el médico le informa que no se sabe, porque es un proceso lento que lleva mucho trabajo y mucho esfuerzo, pero está seguro de que el joven mejorará.
Abel también le explica que el ojo está dañado, pero cree que Salvador recuperará la visión en cierta medida o quizás por completo. "Eso es una alegría muy grande", afirma María.
El servicio no está a gusto con Feliciano
Feliciano confiesa que está muy contento de trabajar en La Promesa, aunque no tiene mucha experiencia. "Aquí hay que venir aprendido de casa muchacho", dice Candela.
El joven quiere comer algo, pero Simona le explica que no queda nada, porque ya lo han recogido todo. Él le pregunta si puede comerse algunas de las rosquillas que queda, Lope le ofrece el plato que tiene en la mano.
Todos los trabajadores están muy serios y enfadados. "Entiendo que se sientan incómodos conmigo aquí, pero les prometo que voy a ser todo lo posible por integrarme en La Promesa", señala Feliciano.
"No se trata de incomodidad, si no de justicia", afirma Candela. El joven le responde que no entiende lo de justicia, la cocinera le dice: "Todos los que estamos aquí hemos tenido que mostrar nuestra valía y tú has entrado aquí sin mérito, sin referencia y lo que es peor sin saber hacer un trabajo por el que se te va a pagar".
Jimena quiere mudarse a Madrid
Jimena le confiesa a Manuel que no le gusta el ambiente de La Promesa por culpa de los padres de Martina. "Coincidir con ellos en el desayuno o en cualquier lugar es un desasosiego, siempre con indirectas y malos gestos", dice la joven.
Le continúa explicando que no soporta las discusiones entre Abel y Jana. "De esos dos ni me hables, acabo de presenciar uno de esos encuentros hace un rato. Te aseguro que hecho todo lo que está en mi mano para que esos dos se lleven bien, pero es imposible".
Jimena le pide a Manuel que se vayan de La Promesa, porque no es un buen ambiente para el bebé y que lo mejor es que se vayan a vivir a Madrid.
Abel deja mucho que desear como persona…
Jana le explica a Manuel que el doctor Teodoro sabía escuchar y le daba igual si los pacientes eran ricos o pobres, porque no menospreciaba a nadie. "Así que según tú Abel peca de soberbio", dice el hijo del marqués.
"Don Abel no es capaz de ponerse en el lugar de sus pacientes", afirma la doncella.
El joven quiere saber por qué dice eso, la doncella le responde: "No es capaz de empatizar con el miedo que hay en los ojos de una persona cuando le está contando lo que le pasa, con la incertidumbre por no saber lo que sucede, con el dolor, la calidad humana es lo primero eso es lo que yo creo. Y por muy buen médico que sea, si los pacientes no confía en él no sirve de nada".
