‘La promesa’ (Mejores momentos): Eugenia vs Leocadia

Curro desvela el pastel a Eugenia

Eugenia está en el salón y en ese momento entra Curro con el uniforme de lacayo, y ella le confiesa muy seria: "No sé qué ha podido pasar, tú mi hijo, sobrino de los marqueses, esté sirviendo en lugar de ser servido".

El joven le explica: "Hace un tiempo que sé quien soy, sé de donde vengo", pero la hermana de Cruz se sorprende y le pregunta: "¿Qué quieres decirme?". Curro le confiesa: "Madre sé que no soy hijo suyo", pero Eugenia rompe a llorar y le contesta: "Lo sabía, sabía que este día tenía que llegar".

El lacayo le comenta: "Madre no se apene porque sea cual sea mis orígenes, usted es y será mi madre", y añade: " Yo sé que soy hijo de Dolores pero eso no cambia que usted me crío y, por eso, siempre la voy a considerar mi madre".

La hermana de Cruz continúa llorando y le contesta: "No es lo mismo hijo". Ella está muy nerviosa y él mientras le sirve una taza le explica: "Don Alonso está al tanto que es mi padre". Eugenia se sorprende y le expresa: "Cómo que Don Alonso es tu padre".

Pía se emociona al recordar a Jana

Emilia es la encarga de cuidar a los bebés de Catalina, pero necesita algunos materiales y le pide a Pía: "Necesitaré una botellita de aceite de oliva".

La doncella le explica: "Eso no es problema aquí siempre se cocina con aceite de oliva", pero la enfermera le aclara: "Lo sé, pero no es para cocinar. Es para los bebés, es que tienen irritaciones".

La señora Adarre le contesta: "Le pediré unos botecitos para usted", y la enfermera le pide: "También estaría bien tener valeriana y tisana".

La doncella le pregunta: "¿Para los bebés?", a lo que Emilia le expresa: "Ya sé que yo no atiendo a Eugenia pero estaría bien tener a mano una infusión para hacerle a esa mujer".

En ese momento la doncella se acuerda de cuando Jana preparaba infusiones y le comenta muy emocionada a Emilia: "Le gustaba saber de hierbas, de potingues y de como consolar al projimo".

Curro y Ángela comparten un momento íntimo

Ángela entra en la habitación de Curro y le ayuda con el nudo de la camisa de su uniforme de lacayo. Mientras la joven le ayuda, también le confiesa: "He conocido a tu madre y me ha parecido una mujer encantadora".

El joven le responde: "Lo es", pero Ángela le comenta: "Cuesta creer que estuviera tan mal". El lacayo está muy emocionado y le confiesa a la joven: "Ha vuelto a ser la madre que tuve de niño".

Curro aprovecha ese momento para contarle que el capitán no se alegra de que su madre esté recuperada. La hija de Leocadia le pregunta: "¿Crees que no se alegra de haberla recuperado?", a lo que él le contesta muy serio: "El capitán solo se alegra de las cosas que le pasan a él mismo, no al prójimo".

Eugenia no se ha tomado bien esta mentira

Eugenia se encuentra en el salón con María y la doncella le está dando un masaje. La hermana de Cruz le comenta que tiene muy buenas manos, y la joven me expresa: "Yo hago lo que puedo no soy tan buena como Doña Petra o mi querida Jana".

En ese momento entra Lorenzo en la estancia y le confiesa que Jana ha fallecido. Eugenia se empieza a poner muy nerviosa y le comenta: "No me habían dicho nada, lo único que me contaron es que Jana marchó después de casarse".

María le pide que se tranquilice pero ella le pregunta:” ¿Es eso cierto que dice mi marido?¿ Jana está muerta?, y la joven le responde: "Sí, señora Eugenia". Lorenzo quiere que sufra y le sigue contando que Jana se casó con Manuel.

Eugenia está muy alterada y le pregunta a su marido: "¿Entonces qué le pasó a Jana?", y él le responde: "Que Cruz la mató". Ella rompe a llorar desconsoladamente y Lorenzo se alegra porque ha conseguido su objetivo.

Eugenia tiene clara las intenciones de Leocadia

Eugenia le confiesa a Leocadia que ha descubierto que Jana ha fallecido. La amiga de Cruz le pregunta: "¿Quién te lo ha dicho?", a lo que ella le contesta: "Mi propio marido".

"Lo siento mucho", expresa Leocadia. La hermana de Cruz le pregunta: "¿O sea que todo es verdad?", y Leocadia le responde: "Sí". Eugenia muestra un rostro muy serio pero Leocadia le confiesa que quiere contarle más detalles sobre ese asunto, ya que para eso están las amigas.

"Nosotras nunca fuimos amigas", comenta Eugenia. Leocadia se sorprende y responde: "No sé por qué dices eso", pero la hermana de la marquesa le aclara: "Siempre estuviste más unida a mi hermana Cruz y me atreveré a decirte que no fue por cariño sino por interés".

Leocadia no está de acuerdo pero Eugenia le sigue reprochando: "Claro que sí, la considerabas más poderosa, yo no pude ayudarte a conseguir ese título nobiliario tan deseado".

Martina cree en la inocencia de Cruz

El marqués está enfadado con Martina porque visitó a Cruz en prisión. La joven le confiesa cómo fue ese encuentro y le explica a su tío: "Me dijo que no tenía nada que ver con la muerte de Jana, seguía defiendo su inocencia".

"Por qué será que no me sorprende", responde Alonso muy serio. La joven le expresa: "Sí, pero bajo mi punto de vista hay algo muy interesante en todo esto", y el marqués le pregunta: "¿El qué?". La joven le confiesa: "A que todas las pruebas la incriminan y lo más probable es que sea declarada culpable, ¿por qué ese empeño en no confesar?".

"La costumbre de mentir debe ser su condición", responde Alonso. Su sobrina se disculpa y le pide que la perdone, ya que ha perdido a una tía y ahora tampoco quiere perderlo a él.

"Nos queremos solo como amigos"

Martina se encuentra con Jacobo, Ángela y Curro en el salón. La joven le explica a Curro: "Resulta que Jacobo fue testigo de nuestro abrazo". Su prometido quiere saber la verdad sobre su relación con Curro y ella le confiesa: "Nos une un cariño infinito porque somos familia y porque nos hemos criado juntos".

Ángela también quiere conocer más detalles de esa relación y Martina le expresa: "Sí, es cierto que en el pasado hubo algo romántico entre los dos". Curro interviene en esa conversación y comenta: “Pero como muy bien ha dicho Martina eso ha terminado".

"Esa relación romántica se terminó y dejó paso a una amistad muy fuerte", confiesa la sobrina del marqués. El lacayo también comenta: "Eso es, solo nos queremos como amigos", y ella expresa: "Nos dimos cuenta a tiempo que no éramos compatibles".

Eugenia sufre por todo lo que le ha pasado a Curro

Eugenia entra en la habitación de Curro y le confiesa: "Perdóname por no darte la vida que te merecías", pero él le responde: "Yo no tengo nada que perdonarle". La hermana de Cruz rompe a llorar y le explica: "La primera vez que te pusieron en mis brazos me prometí hacerte feliz y que nunca te faltaría nada, y acabo de ver que no lo conseguí".

"Usted no tiene la culpa de nada, mi sufrimiento nunca ha sido culpa suya, al contrario yo siempre me acuerdo de todo el amor que me dio de niño antes de que nos separaran", expresa Curro.

Eugenia no puede parar de llorar y él le pide que tiene que intentar estar bien. "Sí, lo intento, pero desde mi llegada me he encontrado con una familia que me cuesta reconocer", responde la hermana de Cruz.
El lacayo le comenta: "Y no es de extrañar", a lo que ella le aclara: "Me cuesta asimilar todo lo que ha sucedido".

Los riesgos de la boda de Catalina y Adriano

Catalina le comenta al cura: "No quiere casarnos", pero él le aclara: "No es que no quiera, es que no puedo". Adriano le pregunta: "¿Y por qué?", a lo que el sacerdote le contesta: "Por la sencilla razón que os queréis casar en un patio".

"Y eso qué más da", expresa el joven. El sacerdote les comenta: "Hace falta la doctrina de un obispo", pero Catalina le contesta: "Hablar con el obispo tiraría al traste nuestra idea de casarnos en secreto".

"Eso es", añade Adriano. La hija del marqués le pide: "Tienes que hacer una excepción con nosotros", pero el cura le responde: "Tal vez haya una solución, diferir una petición al obispo".

Catalina le pregunta: "¿Qué quieres decir?", a lo que él le comenta: "Hablo de casaros ahora sin que nadie se entere".

Adriano se sorprende y le contesta: "Pero eso es justo lo que tú has dicho que no podías hacer", y el sacerdote le aclara: Sí lo sé, pero dentro de dos o tres meses cuando esto deje de ser un secreto y vuestro enlace se pueda hacer público, entonces le hago la petición al obispo".

Adriano le pregunta: "¿Y ese matrimonio sería igualmente válido?", a lo que el cura le responde: "Sí". La pareja está de acuerdo y Catalina le expresa: "Muchas gracias".

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