‘La promesa’ (Mejores momentos): El silencio de Pía

Cruz quiere comprar el silencio de Pía

Pía le explica a Cruz que no está cumpliendo su palabra. La marquesa le informa que recibirá el pago de la manutención de su hijo, pero la ama de llaves le informa que también es importante que vuelva a La Promesa la señora Arcos.

La doncella le explica: "No pienso firma esto señora. Usted está pagando por mi silencio", así que Cruz le responde: "Hagamos como si nunca sucedió".

Pía le comenta que el secuestro de un bebe es algo muy grave. La marquesa se levanta muy enfadada y le aclara que ella le implicó en un delito que nunca cometió. "Yo solo soy una víctima, no quería usted hacer negocios con los ricos, pues esto es lo que hace los ricos negociar, yo le doy algo y usted me da algo a mí. Piénselo y cuando haya decidido algo me informa".

Martina no quiere el consuelo de Curro

Martina le cuenta a Curro que su madre quería decorar la iglesia con flores, la joven no puede parar de llorar. "Martina no te hagas más sangre lo que hizo Don Antonio Carvajal Cifuentes está mal, pero tienes que recomponerte".

Ella le responde que no le importa Don Antonio y señala: "Yo no estaba enamorada de él y lo sabes". El joven quiere saber por qué está tan triste, así que ella le confiensa que con la boda se acabaría las deudas que tiene la familia. Él le coge la mano, ella se aparta y le pregunta: "¿Qué haces Curro?".

El sobrino de la marquesa le confiesa que le está intentando dar consuelo, a lo que ella le responde: "No necesito tu consuelo, lo nuestro terminó". Él le dice que ya que no está con Antonio, creía que volverían. "No cambia nada Curro, tú y yo no somos nada. Ni ahora ni nunca"

Manuel no quiere ayudar a Jana

Jana está en el Hangar con Manuel y le muestra el abanico de la marquesa. Él le pregunta por qué tiene el abanico de su madre, a lo que ella le explica: "Lo encontré buscando a Ramona, la mujer del pueblo que ha desaparecido".

El joven le pregunta por qué estaba buscando a esa mujer. Ella le confiensa que colabora con los grupos que la están buscando y añade: "El caso que este abanico lo encontrado en la cabaña de Ramona".

"Jana no estarás insinuando", afirma Manuel, pero la doncella le interrumpe y señala: "No estoy insinuando nada, lo único que quiero es que con esta información haga algo".

El hijo del marqués le pregunta a qué se refiere, así que ella le explica que debería llamar a las autoridades. "No puedo hacer eso, no debemos decir nada a nadie, ni debemos hacer nada de momento. Esto es un asunto muy delicado y no conviene precipitarse. Dame tiempo para pensarlo", confiensa el joven.

"Cuanto más tiempo pasa, menos probabilidades hay de encontrar a esa mujer con vida", comenta la doncella. Él le explica que no puede denunciar a su madre, así que Jana se enfada y no entiende su actitud.

Jimena quiere "perder" al bebé

Jimena le explica a Abel que no se encuentra bien y que no puede más con la situación. Él quiere saber que le pasa, a lo que la joven le confiesa: "Estoy harta que todo el mundo me trate como una muñequita de porcelana, harta de que todo el mundo opine sobre lo que debo o no debo hacer, sobre lo que debo comer, hasta beber. Si debo andar o dormir es que estoy harta".

El médico le pregunta si quiere que le de un calmante y ella le responde: "No necesito ningún calmante, no ves que me paso el día fingiendo". Abel le comenta que fue su elección, pero ella le vuelve a decir que no aguanta más y añade: "Quiero acabar con este paripé de una vez por todas".

Abel le pregunta si está segura, así que ella le contesta: "Estoy segurísima, doctor ha llegado la hora de perder al bebé".

Lope deja de trabajar en la cocina

Rómulo le informa a Lope que ya no va a trabajar más de cocinero, ya que es una decisión de la señora marquesa y afirma: "Quiere que a partir de ahora seas ayudante de cámara de Don Pelayo".

El joven no entiende la decisión de Cruz, porque los señores estaban muy contentos con sus platos. El mayordomo le comenta que debe aceptar la decisión y que no se preocupe, porque en cocina continuarán Candela y Simona.

El joven afirma: "Disfruto mucho cocinando", a lo que Rómulo le responde: "He intentado convencer a la señora, de eso vengo, pero ha sido imposible".
"Lo único que va a conseguir es fastidiarme a mí, fastidiar a Feliciano y fastidiar a Doña Simona", dice Lope muy enfadado. Rómulo le contesta que tiene que asumirlo y debe ponerse el uniforme de lacayo.

Pía consuela a Feliciano

Pía le pregunta a Feliciano cómo se encuentra en La Promesa, él le confiensa que echa de menos a su hermana. La ama de llaves le comenta que sabe que él pidió comer aparte, pero él le miente y le dice: "Si lo he hecho es porque tenía mucha faena y quería terminar antes de cenar".

La joven le comenta que se ha dado cuenta que los compañeros no quieren estar con él y añade: "Nunca sabré lo que pasó aquella noche ni tampoco sabré cómo empezó todo, pero lo que sí sé es que si te llevaste a mi hijo es porque te lo ordenó Petra".

Feliciano no quiere responder y así que la ama de llaves le pide perdón, ya que se ha dado cuenta que él solo fue un títere. Ella le continúa explicando que sus compañeros no entienden que él obedeciera a esa orden y le aclara: "Hasta los rencores más amargos, terminan por desaparecer".

Manuel accede a ayudar a Jana

Manuel está con Jana en el Hangar y le confiesa: "Reconozco que es inquietante haber encontrado el abanico de mi madre en la cabaña de esa mujer, Ramona".

La doncella decide cerrar la puerta, así que el joven le continúa explicando: "Como decía, reconozco que es inquietante pero eso solo demuestra que mi madre estuvo allí, no que tenga nada que ver con su desaparición ni que le hiciese ninguna clase de daño".

"Cómo usted bien dice demuestra que su madre estuvo ahí y entiende que ya tendrá alguna explicación de por qué desapareció", responde la joven.

El hijo del marqués le comenta que no sabe qué hacer, así que ella le aconseja: "Entiendo que no quiera ir a la Guardia Civil porque eso comprometería a su madre, pero también tiene que entender que no se puede quedar de brazos cruzados sabiendo lo que sabe, porque la vida de una buena mujer está en juego".

Manuel quiere saber cuál es el plan, la doncella le propone que hable con su madre y que se invente de que desobedeció a sus órdenes de ir a buscar a Ramona, y que ha estado en la cabaña y ha encontrado el abanico. "Está bien, lo haré pero solo porque tú me lo pides", afirma Manuel.

Abel y Jana no avanzan

Jana está recogiendo la ropa, en ese momento aparece Abel y le regala una flor. A la doncella no le parece bien ese comportamiento, ya que está trabajando y cualquiera pueden verlos.

Ella le continúa explicando que a Rómulo y a Doña Pía no le gusta las muestras de afecto y menos cuando están trabajando. "No es el momento ni el lugar", afirma la doncella, pero el médico le responde: "A veces siento que mi compañía te causa rechazo".

Ella le confiensa que eso no es verdad, pero siente que él va muy rápido y añade: "Tú y yo no tenemos ninguna relación aún, y recuérdalo hablamos de ir conociéndonos poco a poco

El médico quiere saber por qué la relación no avanza y confiensa: "Llevamos un tiempo siendo fríos el uno con el otro y pensaba únicamente que era cosa mía, pero después de este gesto".

"Lo mismo tienes razón, quizás puede que haya sido fría contigo, no lo sé, a mí lo que me pasa es no sé ni siquiera lo que me pasa", afirma la doncella. El doctor le agradece su sinceridad, ella le coge la mano y le comenta que pueden pensar lo que han hablado y decidir más tarde lo qué quieren hacer.

Pía no quiere deshacerse de su hijo

Rómulo se da cuenta que Pía está muy angustiada y le pregunta qué le ocurre, la joven le explica: "No sé si quiero separarme de mi hijo, esta tarde tuve una conversación con Jana y ahí una frase que no me puedo sacar de la cabeza, ten mucho cuidado con lo que deseas porque se puede convertir en realidad".

El mayordomo quiere saber por qué le preocupa esa frase, así que ella le confiesa: "Hasta hace unos días yo solo deseaba que mi hijo tuviese un buen futuro y ahora lo tengo al alcance de la mano, con solo firmar un papel. Sin embargo, se me parte el alma en dos en saber que tengo que renunciar a él, que tengo que vivir lejos de él".

"Eso le pasaría a cualquier madre", afirma Rómulo. Él le continúa explicando que es una decisión dura, pero es lo mejor para su hijo. Pía coge el documento y el bolígrafo, pero no sabe qué hacer, ¿renunciará a su hijo o decidirá quedarse con él?

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