‘La promesa’ (Mejores momentos): «Adriano es el padre de mis hijos»
"Adriano es el padre de mis hijos"
Catalina le confiesa a Adriano: "Estoy harta de mentir", y añade: "Yo estoy dispuesta asumir la verdad". El joven le responde: "Yo si quieres te vuelvo a pedir matrimonio, que no hay cosa que me haga más feliz en este mundo".
En ese momento entra en la habitación el marqués y Adriano se quiere marchar, pero Catalina le pide que se quede. "Quiero hablar con los dos", afirma la joven. El marqués se sorprende y le pregunta: "¿Qué ocurre hija?".
Catalina está nerviosa y le responde: "Pues que ya es hora que sepas quien es realmente Adriano". El joven se sorprende con la respuesta de Catalina y el marqués muestra un rostro muy serio. La joven se dirige a su padre y le confiesa: "Adriano es el padre de mis hijos".
Emilia es todo lo que Catalina necesita
Catalina y Adriano siguen en el dormitorio con los mellizos, pero la pareja está muy nerviosa porque los bebés no paran de llorar. En ese momento entra en la habitación Martina con Emilia.
La enfermera quiere atender a uno de los bebés y le pregunta a Adriano: "¿Me permites?". El joven le coloca el pequeño en sus brazos y le responde: "Por supuesto".
"Si me permites voy a meterlo en la cuna", expresa la enfermera. En ese momento el niño se tranquiliza y se queda dormido.
Martina se dirige a su prima y al joven y les comenta: "Me parece que os dejo en buenas manos". Catalina está de acuerdo y la joven le confiesa a la enfermera: "Muchas gracias por todo".
Emilia muestra una actitud cariñosa y le pide a Adriano: "Le apetece salir de la alcoba". La hija del marqués le pregunta: "¿Quieres examinarme la herida?", a lo que Emilia le responde: "Sí".
El lacayo obedece y expresa: "Por supuesto". La enfermera le continúa explicando a Catalina: "Más tarde vendré a cambiarle el vendaje, si algo le molesta avíseme porque los puntos pueden quedar enganchados". La joven le responde: "Está bien", pero Emilia le aclara: "Vuelvo enseguida".
"¿De qué sirve un marido si no puede gobernar a su mujer?"
Catalina le comenta a Jacobo: "No es que no quiera hablar contigo, es que si tardo voy a perder la diligencia", pero su prometido le responde muy serio: "No debes ir y mucho menos sola".
Lorenzo está detrás de la puerta porque quiere escuchar la conversación de la pareja. La sobrina del marqués se enfada y le contesta: "Tú quien te crees que eres, que me sé cuidar solita", a lo que el joven le reprocha: "Si cada vez que abres la boca es para dejarme claro que sobro en tu vida".
En ese momento Lorenzo abre la puerta y pregunta: "¿Interrumpo?", la joven le contesta muy seria: "No nos interrumpe". Él le pregunta con ironía: "¿Ya te marchas?", y ella le contesta: "Sí".
El cuñado de Cruz se acerca al joven y le expresa con frialdad: "¿De qué sirve un marido sino puede gobernar a su mujer?", pero el prometido de Martina le pide: "Le ruego que no se meta, esto es entre Martina y yo". El cuñado del marqués le contesta con ironía: "Lo único que hago es tenderle la mano con la mejor de mis intenciones".
Alonso ya sabía toda la verdad
Catalina se encuentra en la habitación con Adriano y el marqués. La joven le acaba de confesar a su padre que el lacayo es el padre de sus hijos, pero el marqués ya conocía la noticia.
Alonso también le confiesa: "Supongo que es bastante obvio", y añade: "Lo sé porque he visto como Adriano mira a los niños". El lacayo le responde: "Yo no sé fingir".
"No es fácil fingir lo que siente cuando uno ve a sus propios hijos", expresa Alonso. La joven le pregunta: "¿Estás enfadado conmigo padre?", a lo que él le responde muy serio: "Ya me enfadé contigo cuando me enteré que te habías quedado embarazada estando soltera".
Adriano le explica al marqués: "Me voy hacer cargo de todas las responsabilidades y si no lo he hecho antes es porque no sabía que era el padre de las criaturas", pero él le contesta con frialdad: "Lo trataremos más adelante".
Catalina y Adriano tienen que marcharse de La Promesa
Manuel le confiesa a Catalina: "Si padre hubiese querido un matrimonio lo hubiese dicho", y ella le expresa: "Es cierto que no le hizo mucha ilusión cuando Adriano insinuó lo del matrimonio".
El joven le confiesa muy serio: "También le costo aceptar mi matrimonio con Jana", pero su hermana no está de acuerdo y le contesta: "Esto es distinto, hay dos niños que necesitan una familia".
"Creo que no deberíais quedaros aquí", aconseja el hijo del marqués. Pero Catalina no quiere abandonar La Promesa y le expresa: "Esta también es mi casa".
"Creo que si queréis ser felices es lo que tenéis que hacer, tenéis que iros por vosotros y por vuestros hijos", confiesa Manuel. Su hermana le pregunta: "¿Y tú qué vas hacer? ¿Quedarte?", a lo que él le responde muy serio: "Yo no puedo dejar solo a padre".
Curro y Pía están metidos en un buen lío
Pía está muy nerviosa porque Rufino de la Merced le ha escrito una nota a Lorenzo. La doncella decide leer el texto a Curro y los dos descubren que Rufino le explica al capitán que hace unos días habló con una mujer pelirroja para obtener información sobre un veneno.
El hombre le expresa en esa carta: "Pero al irse se le cayó un pañuelo y tenia bordado las iniciales de La Promesa". Pía rompe a llorar y le expresa a Curro: "Sabía que ataría cabos".
El joven le contesta: "Es normal". La doncella continúa leyendo la carta en voz alta y Rufino le expresa a Lorenzo: "He pensado que esa mujer estaría relacionada de alguna forma con los Luján".
Pía está muy alterada porque considera que están metidos en un buen lío, pero Curro le aclara que él está tranquilo porque el capitán no va a recibir la carta. "Tenemos que hacer lo posible para que Rufino no aparezca por La Promesa", confiesa la joven.
Curro acaba de darse cuenta de algo importante y le confiesa a la doncella: "Hemos descubierto que Lorenzo tiene un amigo experto en venenos que casualmente le escribe una carta cuando tú le preguntas por eso".
