‘La moderna’ (Mejores momentos): Los planes y amenazas de Doña Carla
El inspector Ocampos interroga a Doña Carla
El inspector Ocampos le explica a Carla que van a continuar con la investigación. "No sabe lo frustrante que es para mí saber que los asesinos de mi marido siguen campando a sus anchas por ahí y cometiendo fechorías impunemente", dice la joven.
"No se preocupe lo vamos atrapar, es cuestión de tiempo, por eso es importante empezar cuanto antes", responde Ocampos.
La joven está nerviosa, así que quiere saber lo que han investigado, pero el policía le aclara: "Lo siento, es información del todo confidencial, sobre todo, ahora que se encuentra en una fase tan temprana".
Él le continúa explicando que quiere tomarle declaración sobre lo que ocurrió en el despacho. "Lo siento mucho inspector, pero no podré decirle otra cosa, solo podría repetirle lo mismo que le dije la otra vez", responde la empresaria.
Ocampos le pide que intente recordar esa noche, pero ella le comenta: "Estoy inmersa en una serie de negocios importantes y para la gente con la que trato no daría buena imagen que yo estuviese involucrada en una investigación policial".
El inspector le responde que esas personas entenderán que ella quiera encontrar al asesino de su marido.
Laurita tiene una cita con el aristócrata
Laurita ha quedado con el aristócrata, pero él se sorprende verla sin el uniforme y le dice: "Está más bella todavía, está usted preciosa, se ponga lo que se ponga. Me siento muy afortunado de que al final haya aceptado mi invitación".
La sobrina de Fermín le comenta que perdona sus halagos porque parece un hombre sincero y añade: "Hay mucho liante suelto". Él le pregunta si dispone de tiempo para ir a pasear, así que ella le explica que su madre no sabe que ha quedado con él, pero como nunca entra en su cuarto para darle las buenas noches, no sabrá nada.
"Parece no llevarse muy bien con su madre", dice el joven. La dependienta se pone seria y le comenta: "Algo así". Él quiere animarla y le dice: "Haré que esta noche sea tan especial que nunca podrá olvidarla".
Sin embargo, Laurita le pregunta: "¿Está usted casado?", a lo que el aristócrata le responde: "Por supuesto que no, no estaría aquí con usted si estuviera casado".
El inspector le responde que esas personas entenderán que ella quiera encontrar al asesino de su marido.
Doña Carla chantajea a Manuel
Carla le dice a Manuel que si no hace lo que ella le pide, decidirá denunciarle por chantaje. El joven quiere saber a qué se refiere, así que ella le responde: "Con contarle a mi marido lo de Iñigo, él no te cree, os peláis y lo acabas matando".
Manuel le responde que nadie va a creer esa teoría, pero ella le aclara: "A quién crees que van a creer más, a ti que eres un muerto de hambre, o a mí que tengo a los mejores abogados del país".
"Cómo puedes ser tan retorcida", dice su primo. Carla le explica muy seria: "Es el último favor que te pido, si te niegas convertiré tu vida en un infierno, tú decides".
El joven quiere saber qué es lo qué tiene hacer, así que ella le informa: "Que acompañes a Aguirre a un encargo, algo fácil, un par de horas”.
Manuel no entiende por qué tiene que acompañarle, así que ella le comenta: "Porque no me fio de él y necesito que alguien de confianza lo vigile, no es nada comprometedor y después de eso serás libre".
El inspector le responde que esas personas entenderán que ella quiera encontrar al asesino de su marido.
Iñigo escucha la conversación entre Doña Carla y Aguirre
Iñigo está en la planta de arriba del despacho de Carla. Él escucha como Aguirre le dice a la joven: "Mañana recibiré todo el material para el encargo que me ha hecho, si quiere cambiar de opinión ahora es el momento".
Carla le responde: "Por qué querría yo cambiar de opinión, estoy más segura que nunca, incluso, más que antes", y añade: "Hay mucho dinero en juego, transformar las galerías en el complejo hotelero que queremos va acostar una fortuna, tenemos que cuidar todos los detalles y asegurar que nadie se cruza en nuestro camino".
Durante la conversación en ese despacho, Aguirre le explica que no entiende por qué está encantada con Iñigo.
La empresaria le contesta: "Eso no es asunto tuyo", pero el militar le dice muy serio: "No lo será, si no afecta a los negocios que tenemos entre manos".
Carla le deja claro: "Y no lo hará". Aguirre le sigue comentando que el empresario ya no se ve con la dependienta, a que la joven le dice con odio: "Como descubra que Matilde sigue detrás de Iñigo lo va a pagar muy caro".
Manuel se vuelve al pueblo
Rosario está preocupada y le comenta a Luisa que Raimundo volverá a meter en líos a su hermano. Sin embargo, Pablo no está de acuerdo y le explica: "Las cosas han cambiado, Emilio ya no se deja engañar por Raimundo".
"Además, de que yo hablé con él de este asunto y le deje bien claro de que si volvía por ese camino, yo no querría saber nada de él", dice Luisa.
"Dejemos el tema ya, que le vamos amargar el día a Manuel", responde Rosario. En ese momento entra el joven y comenta: "Marcho al pueblo, en unos días me vuelvo".
La hermana de Matilde quiere saber el motivo de su marcha, así que él le confiesa: "Mi madre se ha puesto enferma, está delicada de salud y mi sitio ya no está aquí, está allí con ella".
Rosario le confiesa muy triste: "Te vas y dejas aquí otra familia, porque te has hecho querer y te has ganado un hogar en nuestros corazones, muchas gracias por todo Manuel".
Miguel le da las gracias a Teresa
Salvador le confiesa a Teresa: "Quería agradecerle lo que ha hecho por mí, interceder ante Don Salvador para que no me despidiese, no sé qué le empujó hacerlo, pero le doy las gracias y aprovecho para pedirle perdón otra vez".
La dependienta le responde muy enfadada: "Yo ya no creo nada de usted". El librero entiende su enfado, pero quiere saber qué le comentó a su jefe.
"Cuando hablé con Don Salvador le detallé todos los embustes que usted me había contado y para mi sorpresa en vez de indignarse, pues sintió no sé cómo llamarlo, un ataque de nostalgia", dice la encargada del salón de té.
Miguel sigue sin entender nada, así que ella le continúa explicando: "Parece que el amor por los libros no es lo único que les une a ustedes dos. El caso es que cuando le conté como usted se había comportado, Don Salvador me abrió su corazón y me dijo que se sentía identificado, que él mismo en su juventud había vivido una historia similar".
El librero sonríe y le responde: "Déjeme decirle que es usted una persona muy valiosa y por eso me gustaría ofrecerle mi sincera amistad". La dependienta le confiesa: "Eso ya lo veremos con el tiempo".
