Entrevista Irene Arcos (‘Machos Alfa’): “Hay algo muy sanador en la comedia de los hermanos Caballero”

La actriz Irene Arcos nos habla de Paz, del éxito global de ‘Machos Alfa’, la comedia, su trayectoria y la evolución de la ficción española en plataformas.

Entrevista Irene Arcos por Machos Alfa

Irene Arcos da vida a Paz, uno de los personajes que se incorporan a ‘Machos Alfa’, la exitosa comedia de Netflix creada por Laura y Alberto Caballero, que ya suma varias temporadas y ha traspasado fronteras con adaptaciones internacionales.

‘Machos Alfa’ se ha consolidado como uno de los títulos más reconocibles de la comedia española reciente, con un humor que, lejos de quedarse en lo local, conecta con públicos de distintos países. “La comedia viaja”, afirma Arcos, convencida de que el gran acierto de la serie es abordar temas universales desde situaciones cotidianas.

En esta entrevista con Cultura en Serie, la actriz reflexiona sobre el éxito sostenido de la ficción, el valor de la comedia como género, su experiencia trabajando con los hermanos Caballero y la evolución de la industria audiovisual en la era de las plataformas.

También repasa su trayectoria, marcada por trabajos tan destacados como ‘Todos mienten’, ‘El embarcadero’, ‘Vis a vis’ o ‘Élite’, además de una sólida carrera teatral.

Entrevista a Irene Arcos, Paz en 'Machos Alfa'

‘Machos Alfa’ ya va por su cuarta temporada en un momento en el que el consumo audiovisual es cada vez más rápido y efímero. ¿Cómo valoras que la serie mantenga —e incluso refuerce— su éxito con el paso del tiempo?

Vivimos en una época en la que todo se consume muy rápido y se olvida igual de rápido. Por eso, que una serie lleve ya cuatro temporadas funcionando, igual o incluso cada vez mejor, es algo muy llamativo.

Esta serie es un tiro, funciona muchísimo. Participar en un proyecto así es muy ilusionante, porque estás en algo que gusta a muchísima gente y además de países muy distintos.

No se queda solo en nuestro territorio, sino que rompe fronteras. La comedia viaja, el humor viaja, y eso es algo que a veces pensamos que no ocurre, que el humor es muy local, muy de aquí, pero no. Es un humor global, que conecta con personas de países completamente diferentes.

Para mí, participar en una serie con este recorrido y este éxito es una suerte tremenda. Nuestro trabajo es para la gente: para entretener, para disfrutar y, en algunos casos, también para hacer preguntas. Pero, sobre todo, para que te vean.

La serie ya tiene varias adaptaciones internacionales. ¿Has tenido ocasión de ver alguna de ellas y comprobar cómo se traslada el universo de ‘Machos Alfa’ fuera de España?

Mi personaje como tal no lo he visto. Estuve en Roma el año pasado y allí vi un poco de la versión italiana. Estábamos haciendo zapping y, de repente, pensé: “Yo creo que esto es ‘Machos Alfa’”, y efectivamente lo era. No sé muy bien cómo se llama allí la serie, pero me hizo gracia reconocerla así de repente.

No vi mi personaje porque no sé si en ese momento se había estrenado ya la temporada en la que aparece. Así que no tengo esa comparativa directa para ver cómo lo han enfocado o quién lo interpreta en otros países.

Desde dentro, ¿dónde crees que está la verdadera clave del éxito de ‘Machos Alfa’?

Creo que han conseguido hablar de lo universal desde lo concreto y desde lo local. Están abordando temas que ahora mismo están muy presentes en la conversación social. Cogen lo último que está sucediendo, lo que se está debatiendo, y lo traducen con humor.

Eso nos enfrenta a todos, de alguna manera, con nuestras propias contradicciones. Te ríes, pero te estás riendo de cosas que dices: “Si no me pasa a mí, le pasa a mi prima; y si no, al novio de mi prima; y si no, a tu padre”. Son situaciones que reconoces en tu entorno. Yo creo que esa es la tecla que toca a todo el mundo.

Tu personaje, Paz, se mueve dentro de una relación compleja con Luz y Raúl. ¿Qué aporta esta dinámica a la narrativa de la serie?

En el caso de Paz, creo que se ve muy bien cómo una línea de pensamiento muy marcada puede acabar volviéndose en tu contra. Ella pierde un poco la empatía con los demás. Hoy en día se habla mucho de centrarse en el yo, de poner límites, y eso está muy bien, no me parece descabellado en absoluto.

El problema llega cuando eso se lleva a un extremo y acaba derivando en un egocentrismo muy grande. Las redes sociales, además, alimentan ese egocentrismo de una manera bastante radical. Paz peca un poco de eso: de estar por encima de todo, de todo y de todo, y al final deja de ver al otro. Ahí es donde se convierte en su propia trampa.

Luego está el triángulo con Raúl y Luz, que refleja algo muy actual: hoy en día todo fluctúa mucho más, hay más libertad, y la serie respira esa libertad de una forma bastante natural.

Has trabajado con Laura y Alberto Caballero en un proyecto muy marcado por el ritmo y la precisión del guion. ¿Qué es lo más valioso que te llevas de esa experiencia?

He valorado mucho lo importante que es reírse y estar bien durante un rodaje. Un rodaje de comedia es muy sano. Te vas a casa cansada, porque los rodajes pueden ser largos o incluso nocturnos, pero te lo has pasado muy bien y llegas contenta.

Leí una vez una entrevista de alguien —no recuerdo quién— que decía que ya no quería hacer más dramas, que no quería cosas oscuras porque no le resultaban saludables. Cuando lo leí pensé que se estaba perdiendo muchas cosas interesantes, pero luego, estando en este tipo de rodajes, entiendes ese punto. Hay algo muy sanador en trabajar desde la risa.

Además, con los hermanos Caballero el guion lo es todo. Es una métrica absoluta. Los chistes y las situaciones están tan medidas que hay muy poco margen para improvisar. Cuando lees el guion ya estás viendo a los personajes, no tienes que pensar cómo decirlo, porque la escritura ya te lo marca. Esa precisión hace que el gag entre justo cuando tiene que entrar.

Siempre se dice que la comedia es uno de los géneros más difíciles. ¿Compartes esa idea desde tu experiencia?

Totalmente. En la comedia no se puede engañar. O entra o no entra. Te puedes encontrar con ese silencio o esa cara seria que te dice que no ha funcionado. En el drama puedes llevar al espectador poco a poco, pero en la comedia no. Es muy exacta.

Por eso depende tanto del guion. Con los Caballero todo está tan bien estructurado que cuando luego ves cómo funciona en pantalla entiendes que ese “relojito” interno era necesario para que todo encajara.

Has vivido muy de cerca la evolución de la ficción española. ¿Cómo valoras el impacto que han tenido las plataformas en la profesión?

Creo que las plataformas nos han salvado un poco a los actores. Antes, con la televisión generalista, había muy poco margen para entrar. Somos muchísimos y muchísimas, y las oportunidades eran muy limitadas.

Ahora hay más volumen de trabajo, más movimiento y más diversidad. Antes todo tenía que gustar a toda la familia; ahora se especializa más: thrillers, comedias muy subversivas, dramas concretos. Eso hace que entren perfiles distintos y que se cuenten historias más variadas. Ha sido muy enriquecedor.

¿Has percibido también una evolución clara en los personajes femeninos que se escriben actualmente?

Sí, vamos a la par con la sociedad. No sé muy bien quién empuja a quién, pero hay un cambio global en el papel de la mujer y se empieza a reflejar en la ficción. Cada vez vemos más series donde las mujeres mueven la acción y no todo gira en torno a figuras masculinas.

Ojalá este cambio se profundice y se amplíen también las edades. ¿Por qué no hacer series protagonizadas por mujeres mayores, como ocurrió en su momento con ‘Las chicas de oro’?

‘Todos mienten’ es una serie muy recordada por el público. ¿Te gustaría que ese universo tuviera continuidad en el futuro?

A mí me encantaría. Trabajar con Pau Freixas fue de las mejores experiencias que he tenido como actriz. Nos cuidaba muchísimo, trabajaba en equipo y todo el rodaje fue muy especial. La segunda temporada ya fue un regalo inesperado, así que ojalá algún día se retome ese universo, aunque no sé si ahora mismo entra en sus planes.

Comenzaste tu carrera profesional detrás de la cámara en 'Hospital Central'. ¿Cómo recuerdas el momento en el que decidiste dar el salto definitivo a la interpretación?

Fue un proceso largo. Yo ya tenía esa idea desde muy joven, pero me daba miedo. Hubo un día que llegué muy tarde de ese rodaje, estaba muy cansada y muy triste. Me gustaba mi trabajo, pero veía a los actores y sentía mucha envidia de lo que hacían. Ahí pensé que tenía que intentarlo.

Me formé, busqué mi voz, pasé por muchas dudas. No ha sido una carrera recta, ha tenido muchas subidas y bajadas, pero aquí sigo.

Después de tantos años, ¿dónde te sientes más cómoda: sobre un escenario o delante de la cámara?

Cómoda me siento interpretando, da igual el medio. El teatro me conecta con el origen de la profesión y la cámara me fascina por el trabajo en equipo y la parte técnica. Todo tiene algo especial.

¿Te planteas explorar en el futuro otras facetas creativas, como la escritura o la dirección?

Sí, me lo he planteado y he escrito cosas. No sé si se materializarán algún día, pero no es algo ajeno para mí.

A estas alturas de tu carrera, ¿sientes que todavía te quedan muchos personajes por descubrir?

Muchísimos. Cada vez que veo una película o una serie pienso que me encantaría hacer ese personaje. Ojalá tenga la oportunidad.

¿Qué nuevos proyectos tienes a la vista?

Aún no te puedo dar detalles porque no se ha publicado, pero empiezo a rodar una serie ahora en febrero. Muy contenta por haber empezado el año con un nuevo proyecto.

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