viernes, enero 15, 2021
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Endeble cuento de hadas en Mónaco

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En los últimos años hemos asistido a biopics  de Célebes personajes como Steve Jobs, la princesa Diana de Gales, Margaret Thatcher, Abraham Lincoln… Incluso Hitchcock se transformó en un título presente en la cartelera hace apenas dos años.

En todas ellas se propone erigir un personaje bien conocido como figura a tener en cuenta. Todas pretenden ser excepcionales, pero muchas quedan resueltas como intrascendentes.  Este es el caso de Grace de Mónaco, que narra los problemas de una princesa que se empeña en volver a ser actriz debido a lo anodino y estricto de su rutina diaria. Esta decisión derivará en consecuencias políticas que conllevarán a la propia autocrítica de la protagonista.

Hasta ahí, como premisa, va todo bien. Incluso es interesante: una historia de superación personal desde el punto de vista de una princesa en el S. XX. Y además, una princesa estadounidense: el ejemplo más claro de lo que nos han enseñado que es el “sueño americano”.

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No obstante, el conflicto de Grace se diluye repentinamente en una fuerte determinación por “salvar” a la familia y satisfacer los deseos de los demás. Lo que empieza siendo una película sobre la lucha por los ideales propios y escapar de la prisión en que se ha convertido su vida se transforma en una resignación épica que ensalza la figura de esta mujer. El sacrificio de esta heroína será el de hacerse a la idea de que Hollywood se acabó para siempre. Deberá  salvar el Principado de Mónaco de la caída en manos de Francia para así consolidarse como la genuina Grace de Mónaco.

Por supuesto, la historia está basada en hechos reales, pero cabe añadir que la fórmula empleada tanto en el guión como en la dirección no está exenta de aspectos problemáticos, ya que esos vaivenes de la protagonista no ayudan a empatizar ni con ella ni con su actitud. Se echa en falta, como mínimo, algo contundente que haga de transición justificada entre la Grace del inicio y la del final, pues su trasfondo psicológico apenas se deja ver, desaprovechándose por completo algunas facetas ocultas del personaje que podrían haberle dado mejor rendimiento. Un ejemplo de ello es la mala relación de Grace con su familia natal en EEUU, que podría haber dado mucho más juego a su aprendizaje moral.

Mediante el contraste entre esa penosa relación y la que mantiene con sus hijos, totalmente positiva, habría justificado mejor su propia transición emocional y, en consecuencia, su condición de Princesa por y para el pueblo.

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Además, el director Olivier Dahan opta por una visión demasiado romántica de Grace Kelly, originando escenas forzadas que se instauran en lo predecible y, en ocasiones, también lo irrisorio. Es una pena, ya que la fotografía de Eric Gautier es más que competente a la hora de ofrecer lujosas estancias y parajes lugareños, aunque en alguna escena se explaye demasiado en los tonos dorados del contundente cuento de hadas que quiere ser esta película.

Los actores están correctos en la medida en la que lo están sus arquetipos en el guión. Nicole Kidman deja ver que existe un esfuerzo por su parte por ponerle cuerpo y alma a la princesa, pero se pierde en una serie de primeros planos que le atosigan impunemente en momentos clave y que le impiden lucir al personaje como quisiera.

Tanto Tim Roth como Frank Langella están correctos en sus respectivos papeles: el primero es el Príncipe Rainiero III, mientras que Langella es el Padre Tucker, principal confidente de Grace. Ambos cumplen con lo que se espera de sus personajes,  carentes de sorpresas.

Paz Vega tiene apariciones esporádicas a lo largo del filme, haciendo un personaje que no tiene ningún recorrido y que simplemente es útil para momentos determinados con la protagonista.

Un apunte especial merece Roger Ashton-Griffiths, encargado de poner rostro al mismísimo Alfred Hitchcock, personaje simpático que si bien tiene poca presencia a lo largo del filme, al menos cuando aparece despierta el interés momentáneo de los más cinéfilos.

En definitiva, una película entretenida sin más. Como decíamos anteriormente, un intento de lograr un biopic trascendente que se conforma con ser simplemente aceptable. Especialmente para los más interesados en la vida y obra de Su Alteza Serenísima la Princesa Grace de Mónaco. Un curioso sueño americano.

Dirección: Olivier Dahan.
Guión: Arash Amel
Fotografía: Eric Gautier.
Reparto: Nicole Kidman, Tim Roth, Frank Langella, Paz Vega, Milo Ventimiglia, Derek Jacobi, Parker Posey, Geraldine Somerville, Roger Ashton-Griffiths.
Montaje: Olivier Gajan.
Arte: Delphine Mabed, Daran Fulham.
Producción: Arash Amel, Uday Chopra.
Productora: Stone Angels, YRF Entertainment, Film Fund Luxembourg.

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