Gonzalo se enfrenta al obispo Peláez para conseguir pruebas de su traición en el segundo capítulo de ‘El final del camino’

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En esta nueva entrega de ‘El final del camino’, Gonzalo de Catoira intentará cumplir con la misión de la reina Constanza: demostrar la traición de Peláez. Mientras, el obispo comienza a planear la forma de asegurarse el poder, aunque para ello deba enfrentarse a Gonzalo. Pedro comienza a sentirse atraído por Elvira, e inicia una investigación sobre la muerte de Ahmed junto a Animal. Esteban, por su parte, descubre una visión de la Catedral de Santiago que lo llevará a los límites de la cordura.

El obispo Peláez continúa conspirando para conseguir poner a García en el trono. Para ello, precisa la alianza con Guillermo de Normandía, la cual se fraguará por medio de su hija Adela, que llega a Compostela. Ella es el arma que el obispo necesita para terminar de convencer a los señores y nobles de Galicia. Sin embargo, todo esto debe hacerlo a espaldas de Gonzalo, que ahora cumple una misión para la reina Constanza: conseguir una prueba de la traición de Peláez.

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La situación entre Peláez y Gonzalo pronto se hará insostenible y, sin una guardia que le sea fiel, el obispo comienza a planear la forma de asegurarse el poder, aunque para ello deba enfrentarse al que un día consideró su hijo. Pedro, una vez recuperado de su reclusión en Toledo, comienza a sentirse atraído por Elvira; y junto a Animal, investigará la muerte de Ahmed, el esclavo árabe asesinado.

Esteban cada vez goza de mayor prestigio gracias a las indicaciones del misterioso monje, al que parece no conocer nadie y que, en esta ocasión, le mostrará la visión de una Catedral inconcebible, asombrosa, que afectará a Esteban hasta llevarlo a los límites de su cordura.

Mientras todo esto sucede en Compostela, en Sevilla, Yusuf y su ejército almorávide se han ido haciendo con el poder sin encontrar demasiada oposición: a los que no comulgan con su propuesta los pasa por la espada. Ante esta situación, Al-Mutamid decide ganarse el favor de Alfonso VI enviándole a su hermosa hija Zaida como ofrenda de paz.