Golpe de realidad para Leocadia en ‘La Promesa’ (Mejores momentos)

La tensión entre Cristóbal y Leocadia alcanza un punto de no retorno en 'La Promesa'.

Lo que comienza como una discusión sobre las decisiones del palacio termina convirtiéndose en un durísimo golpe de realidad para la señora, que recibe de boca del mayordomo algunas de las palabras más crudas que jamás le han dirigido.

La escena arranca con Leocadia volcada en su eterna obsesión: el matrimonio de su hija. «¿Te hace poco problema que mi hija vaya hasta ese con un bastardo?», espeta con su habitual desdén, incapaz de ver más allá de sus propios intereses incluso en un momento marcado por la tragedia de la muerte de Santos, el hijo de Ricardo. Cristóbal, que arrastra el dolor de haber tenido que gestionar como mayordomo el fallecimiento del muchacho y organizar su velatorio en el palacio, no puede contenerse. «De verdad te vas a atrever a comparar eso con la muerte de un pobre muchacho», le reprocha con una indignación que no acostumbra a mostrar.

Pero Leocadia no cede. No sabe hacerlo. Y es precisamente esa incapacidad la que enciende definitivamente a Cristóbal, que pasa de la contención al ataque frontal. «Es que tú no eres capaz de mirar más allá de tus narices, Leocadia. No tienes ni pizca de humanidad», le dice sin contemplaciones. Son palabras que pesan el doble viniendo de quien las dice, de un hombre que ha mantenido con ella una relación secreta y que hasta ahora había tolerado sus caprichos y sus maniobras con paciencia infinita.

El mayordomo intenta además hacerle ver lo evidente: que Curro está dejándose la piel por conseguir un título nobiliario que dé un futuro digno a su hija, y que ese debería ser motivo de agradecimiento, no de desprecio. «Tu gran problema es que tu hija se va a casar con un muchacho excelente», le dice con una mezcla de ironía y hartazgo. Leocadia apenas concede un tibio «no, tampoco diría tanto yo», dejando claro que ni siquiera el esfuerzo de Curro le merece reconocimiento alguno.

Y entonces llega la sospecha que lo envenena todo un poco más. Leocadia desliza que espera que Cristóbal no haya recurrido al chantaje ni haya contactado con el duque de Carmonalí Cifuentes para torpedear la concesión del título. Una acusación que colma el vaso.

La respuesta de Cristóbal es demoledora, quizá la frase más dura que le ha dedicado nunca: «A veces pienso que no tienes sentimientos, Leocadia. Que te importamos un camino los demás. Solo te importas tú misma. Nada más». Un seco «buenas tardes» cierra la conversación como un portazo emocional.

Es uno de los enfrentamientos más significativos entre ambos desde que se destapó su relación. Cristóbal, que siempre ha ejercido de contrapeso sereno frente a los excesos de Leocadia, rompe por primera vez esa dinámica para señalarle sin filtros lo que otros solo murmuran. Un golpe de realidad que, conociendo a Leocadia, queda por ver si surte algún efecto o simplemente rebota contra su coraza de egoísmo.

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