Pep Ambròs: «En una sociedad tan individualista, ir al cine y ver esta película en comunidad es un regalo»

Hemos hablado con Pep Ambròs sobre 'Balandrau', su último y exitoso estreno en cines. ¡No te pierdas la entrevista completa!

Pep Ambròs (Sabadell, 1987) interpreta a Peo, uno de los montañeros que, en 'Balandrau', se enfrentan a una terrible tormenta que provocará una de las tragedias más recordadas en el Pirineo catalán.

Estrenada con 81 copias en toda España, su éxito ha propiciado que, después de su estreno, cada vez más salas opten por programar esta emocionante cinta dirigida por Fernando Trullols.

Según Ambròs, la película "es un homenaje a los que perdieron la vida en ese momento, y a los que arriesgaron las suyas para ayudar", y destaca también que "el arte tiene que ser terapéutico, nos tiene que interpelar y nos tiene que modificar de algún modo [...] Es terrible lo que estamos viviendo a nivel político, a nivel social, lo que estamos viendo con nuestros ojos en los telediarios, y de repente encerrarte en el cine es un bálsamo".

Con una amplísima trayectoria en teatro y audiovisual, el actor barcelonés repasa en esta entrevista sus próximos proyectos, su paso por la serie diaria 'Com si fos ahir' (TV3) y su labor como docente, que tantas satisfacciones le proporciona.

Entrevista con Pep Ambròs, uno de los protagonistas de 'Balandrau', ya en cines

¿Cómo valoras el momento presente en tu carrera como actor?

Qué pregunta más difícil para arrancar (risas). Ahora mismo mi vida está muy condicionada al hecho de que acabo de ser padre. Esta circunstancia ha modificado muchas cosas, personalmente y profesionalmente.

Siempre me he sentido como una hormiguita en este oficio. He tenido la suerte de trabajar con muchas personas distintas, en muchos terrenos distintos. He hecho muchísimo teatro y audiovisual en Barcelona, y también he hecho muchísimo audiovisual en Madrid, sobre todo los últimos años.

Tengo la sensación de que nunca he tenido un personaje o un proyecto que haya sido un “pelotazo”, pero al mismo tiempo tampoco me he faltado nunca trabajo. Mi carrera es una carrera de fondo, que llevo trabajando muchísimos años. Tengo 38 años y las cosas van llegando. De momento no me puedo quejar.

¿Cómo describirías ‘Balandrau’, y cómo es tu personaje en ella?

‘Balandrau’ es una historia real, un caso que hemos vivido y que aquí en Cataluña se recuerda. La película se centra en un grupo de cinco personas que decidieron subir a Balandrau. Balandrau, para la gente que es montañera, es una montaña facilísima, que se sube en bici, para que se entienda. Para este grupo de amigos era realmente un paseo en un día soleado y fantástico de diciembre, pero de repente, de la nada, apareció un ‘torb’ y se los llevó por delante.

Es la historia no sólo de esta gente que amaba la montaña, y que amaba la vida, y que amaba hacer actividades en la naturaleza, sino también la historia de todos los bomberos y voluntarios que arriesgaron sus vidas para encontrarlos. Es un homenaje a los que perdieron la vida en ese momento, y a los que arriesgaron las suyas para ayudar.

Mi personaje es el marido del personaje que interpreta Anna Moliner. Por lo que yo he podido investigar y la información que he podido tener directamente de su familia, era un gran amante de la montaña, que aparte de esquí practicaba también la escalada. Estaba muy en forma y preparadísimo para hacer una excursión ya no sólo como esa, sino otra mucho más compleja. Y prueba de lo duro que fue lo que les vino encima es que, de hecho, fue el primero que cayó.

¿Cómo fue este rodaje tan complejo?

Creo que es importante decir que esta película no tiene para nada el presupuesto de lo que realmente puede parecer después en pantalla. Creo que aquí se hizo una apuesta muy importante y muy inteligente, sobre todo por parte de Fernando Trullols, el director: toda la parte de la tormenta se rodó con un 90% de efectos especiales y solo un 10% de efectos visuales. Los efectos visuales son carísimos para hacerlos de buena calidad, y no había presupuesto para ello. Entonces, tuvimos la suerte de poder hacerlo en un plató con muchos efectos especiales.

Fue realmente duro de rodar, fue muy complejo porque la nieve se hizo con unas microfibras que estaban por todas partes: en el ambiente, en el suelo, humo, espuma, en ventiladores… una locura. Fue complejo porque logísticamente era complicado y para nosotros fue muy duro: nos ahogábamos, nos costaba respirar, las microfibras nos iban a los ojos…pero después el resultado en cámara ha quedado impresionante, y da muchísimo el pego. Después, las escenas de los bomberos y el equipo de salvamento sí se rodaron en la nieve, en exteriores, y fue precioso poder grabar en esos paisajes.  

¿Cómo ha sido el trabajo con Fernando Trullols, vuestro director, que debuta en el largo con esta película?

Yo ya había trabajado con Fer, nos conocemos desde hace mucho, y creo que es la elección perfecta para dirigir esta película. Él ha trabajado muchísimo con Cesc Gay y J.A. Bayona, y ha podido ver desde dentro cómo se controla una producción así, sobre todo en su trabajo con Jota.

Esta película necesitaba muchísima acción, y era necesario alguien que controlase el género y que tuviera la capacidad y el cerebro para filmar acción y filmarla bien, pero al mismo tiempo pedía mucha sensibilidad y mucho respeto, y Fer tiene esta combinación perfecta de la sensibilidad que pide a momentos y la tralla de acción que pide también. Creo que fue una gran decisión que lo dirigiera él.

Qué maravilla, además, ver que la película está teniendo esa recepción tan extraordinaria con el público, ampliando copias en cines después de su estreno.

Sin duda. En Cataluña, yo hubiera puesto la mano en el fuego porque iba a ser así, porque es una historia que estaba convencido de que la gente querría ir a ver al cine. Confiaba muchísimo en ello. Es verdad que, a nivel nacional, como la historia no es tan conocida, la película ha tenido menos presencia de inicio en salas, y creo que el regalo más maravilloso es no sólo que en salas catalanas nos hayan reubicado en cines con más aforo, sino sobre todo que a nivel estatal la reacción haya sido aumentar muchísimo el número de copias. La recompensa es increíble a nivel actoral, pero sobre todo es precioso que el público se esté acercando tanto a los cines para verla.

La ficción, además, tiene algo sanador, que nos ayuda, como sociedad, a recordar y convivir con tragedias como la que describe la película. ¿Crees que es parte del éxito de ‘Balandrau’?

Sí. Siempre digo que el arte tiene que ser terapéutico, nos tiene que interpelar y nos tiene que modificar de algún modo. Eso no quita valor al cine de entretenimiento puro y duro, porque también tiene su labor y también es muy necesario en estos tiempos tan terribles que vivimos, en estos tiempos tan locos.

Es terrible lo que estamos viviendo a nivel político, a nivel social, lo que estamos viendo con nuestros ojos en los telediarios, y de repente encerrarte en el cine es un bálsamo. En una sociedad tan individualista, en la que la gente lo mira todo en el móvil, de repente ir al cine y ver esta película en comunidad, una película que habla precisamente de la fuerza de la comunidad, es un regalo.

Creo que estamos muy faltos de eso, pero de repente hemos estrenado y nos hemos encontrado con que el público quiere escuchar historias que nos sanen. Es maravilloso.

En el teatro ocurre incluso todavía más, esa sensación de comunidad, de compartir juntos una historia.

Sí, yo creo que en el teatro todavía pasa más. Hace unos días hablaba con un amigo de esto. Hace años, había voces que decían que el teatro estaba muerto, y yo diría que el teatro ahora mismo está más vivo que nunca. ¿Habéis visto ese vídeo que se hizo viral de Brad Pitt y Tom Cruise peleándose? Es un vídeo hecho con inteligencia artificial, y yo me lo tragué, empecé a buscar la película a la que pertenecía la escena. Me da pavor que pase esto, porque se está desvirtuando un trabajo artístico que no sólo es actoral, sino de todos los departamentos artísticos y técnicos. Creo que va a llegar un punto en que, o frenamos esto o la única forma que tendrá la gente de ver actores trabajar será en el teatro.

Como decía, está más vivo que nunca como un espacio que es lo que ha sido toda la vida: un espacio de comunidad y de entretenimiento, pero también de reflexión, y creo que reflexión es algo que necesitamos muchísimo como sociedad ahora mismo. Necesitamos pararnos a escuchar, porque últimamente nadie escucha, y es un problema bastante grave.

Has trabajado también en ‘Com si fos ahir’, para TV3. ¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que te has llevado de interpretar a Víctor?

‘Com si fos ahir’ es una serie a la que sus directores, y sobre todo Sonia Sánchez (la directora de la serie desde su inicio), tratan con cariño y un amor brutal, con mucho cuidado. Después de 7 u 8 años está haciendo récords de audiencia, y esto es algo que no se tiene que obviar, porque hay mucho trabajo tras ese éxito rotundo.

Lo que pasa es que las series diarias tienen un ritmo de rodaje en el que es muy difícil aportar cosas, aportar tú y que te aporten ellas. Son series en las que tienes que luchar precisamente por aportar cosas interesantes al personaje. Mi lucha con Víctor realmente ha sido esa: no conformarme y no tirar de recursos actorales que ya tengo adquiridos desde hace muchos años, e intentar estar lo más vivo y lo más dentro de la escena posible, abierto a escuchar y añadir cosas a las escenas con los compañeros.

Lo he vivido como un ejercicio de no olvidar que estar en una diaria no me exime de las cosas básicas que tengo que hacer como actor. Con Víctor, mi trabajo ha sido principalmente ese, el de no ir a lo fácil y buscar continuamente más matices y más cosas que aportarle, pese a los ritmos tan rápidos de trabajo que exigen las series diarias.

TV3, además, siempre ha trabajado muy bien las series diarias, desde mucho antes de que alcanzaran el estatus de popularidad y calidad que tienen ahora a nivel nacional.

Sí. Aparte, aquí en Cataluña, la gente principalmente mira TV3. Es algo casi religioso, ver la serie de TV3 (risas). Se ve y punto. Si nos gusta, bien, y si no, pues la criticamos (risas), pero la ven. Aquí hay muchas productoras de gran calidad que llevan muchísimos años trabajando, no solo en las diarias, sino también en prime time.

Mi chica, Alba Brunet, es una de las protagonistas de ‘Sueños de Libertad’, que ahora mismo lo está petando a niveles de locos, y produce Diagonal. Yo estos días estoy ahí con ella y veo mucho el trabajo de ese equipo, que viene ya de ‘Amar es para siempre’, por ejemplo… hay muchas productoras catalanas que también están produciendo cosas en Madrid, pero sí es verdad que, dentro de lo poco cuidada que está la cultura, por desgracia, creo que en Cataluña y TV3 tenemos la suerte de que se ha cuidado mucho.

En una entrevista que hicieron a David Trueba, que creo que es una de las mentes pensantes más interesantes de este país y del mundo de la cultura, David dijo que la clase alta en España presume de tener 1, 2, 3 o 4 piscinas, y la clase alta en Barcelona y Cataluña presume de tener 1, 2, 3 o 4 abonos en el Liceo. Me encantó que dijera eso, porque me pareció muy interesante. Puede que no sea siempre en favor de la cultura, o aunque sea solo por algo de apariencia, pero hemos tenido la suerte de que mucha gente con mucho dinero ha apostado por la cultura y se han podido hacer muchas cosas no sólo a nivel público, sino a nivel privado gracias a ello.

En el horizonte tienes el estreno de ‘El niño’, la nueva película de Mariano Barroso. ¿Qué nos puedes avanzar?

Es una película muy emocionante. A Belén Cuesta, que interpreta a mi mujer, nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Karra Elejalde ha sido un descubrimiento, es un ser increíble. Le quiero muchísimo y he aprendido muchísimo trabajando con él. Con Belén he tenido una cómplice perfecta para entrar en terrenos muy hondos y muy oscuros de la trama, y ha sido una compañera fantástica.

La película habla de un caso real, una explosión de gas en Vizcaya en la que murió una clase entera de niños, toda una generación. Fue un caso terrible que conmocionó a todo el país, y la película se basa en la novela de Fernando Aramburu. Tengo muchas ganas de verla, y sé que Mariano Barroso está muy contento, y Mariano tiene muy buen gusto y muy buen sentido del cine. Confío plenamente en su criterio y tengo muchas ganas de que se estrene, sí.

Como alguien que también se dedica a la docencia, ¿qué aprendes tú de tus estudiantes cuando das clase?

Absolutamente todo.  Me aporta un aprendizaje increíble. Yo hago trabajo de escenas, dirigiéndolas. Entonces, para yo poder guiar y para poder acompañar lo mejor posible a mis alumnos, debo tener un control enorme de esa escena, y esa preparación ya es un aprendizaje brutal que yo me llevo. Además, siempre hay alumnos que te sorprenden muchísimo, te sorprende la lectura que hacen de las escenas. Tienen otra edad, y eso también me gusta, porque yo ahora, con 38 años, encaro las escenas desde un sitio y desde una experiencia distinta, y me gusta ver cómo lo hacen ellos desde sus 20 años.

Entonces, aprendo muchísimo de la profesión. Aprendo y me sorprenden, y me encanta que me sorprendan. A veces es difícil sorprenderse cuando llevas mucho tiempo currando. Es muy sano, porque creo que yo les puedo aportar muchas cosas desde el punto en el que estoy, pero ellos a mí también. Lo disfruto mucho. No puedo dar muchas clases, por desgracia, porque es difícil de compaginar con el curro, pero siempre que puedo lo hago porque es muy, muy estimulante. Un trabajo muy bonito.

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