Martina Cariddi (‘Las hijas de la criada’): “Catalina lo tiene todo, pero vive buscando el amor que le falta”
Hemos hablado con Martina Cariddi, una de las actrices protagonistas de 'Las hijas de la criada'. ¡No te pierdas todo lo que nos ha contado!
Martina Cariddi interpreta a Catalina en 'Las hijas de la criada', la ficción de Atresmedia que adapta el best seller de Sonsoles Ónega, que se ha convertido en el mejor estreno de ficción de la plataforma en más de tres años.
En esta entrevista, la actriz madrileña analiza la complejidad de su personaje, una mujer que "en realidad tiene esta enorme herida, que no entiende de dónde le viene, y cuando por fin se entera de la verdad, le cuesta mucho entender, y pasa por un proceso de shock, y de aceptación de sí misma".
Tras dar sus primeros pasos en el cine de la mano de Fernando González Molina o Alejandro Amenábar, la intérprete hispano-italiana se ha convertido en una de las actrices más prometedoras de su generación. Un brillante camino que, tal y como nos avanza en la entrevista, no ha hecho más que comenzar.
Entrevista a Martina Cariddi, Catalina en 'Las hijas de la criada'
Te has formado en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid, y con maestros como Juan Codina o Cristina Rota. ¿Cómo valoras esta formación?
Empecé a dar clase en la EMAD cuando tenía ocho años. Y empecé a los ocho, y no a los tres, porque mi madre no me dejó hasta entonces (risas), pero desde niña tenía claro que quería ir a clases de teatro.
No recuerdo el día en que tomé la decisión de dedicarme a esto. Simplemente lo supe. Lo conectaba mucho con el juego, con jugar a ser muchos personajes diferentes.
Después, me he formado un poco en todas partes, porque pienso que el actor tiene que estar constantemente formándose. Es un trabajo en el que nunca se deja de aprender, y nunca se puede dejar de mejorar también, en ese sentido.
De hecho, ahora estoy en una época muy chula de mi vida, en Barcelona, porque estoy siendo profe de interpretación en Estudi Karloff, y me está encantando, porque siento que estoy volviendo a esa época de la escuela, en la que todo es más un juego.
Cuando aprendes, tienes que ir a equivocarte todo el rato y a aprender de la equivocación. Es muy bonito ver la interpretación desde el otro lado, por así decirlo, y me ha ayudado mucho a quitarme inseguridades.
Al final, siempre, antes de dar cualquier clase, me hago un repaso de todas las herramientas y de todas las estrategias y de todas las maneras que puedo utilizar para transmitir mi conocimiento. Es un aprendizaje mutuo, todo el rato.
Debutaste en el cine con 'El guardián invisible', y acto seguido llegó tu personaje en 'Mientras dure la guerra'. Qué suerte poder comenzar en la gran pantalla de la mano de alguien como Alejandro Amenábar.
Sí. Para mí, cada proyecto ha sido un regalo enorme, porque ha sido como ver una parte del sueño de mi niña ir cumpliéndose poco a poco. Me conecta mucho con algo inocente, ingenuo, donde no existe el ego, donde no existe la competencia, donde no existe ningún lugar al que llegar en concreto, sino que es algo genuino y real.
Ese momento lo recuerdo como de las cosas más bonitas que me han pasado, también por el rodaje que tuvimos en Bilbao, y el equipo, que era absolutamente maravilloso.
Guardo también muy buen recuerdo de 'El guardián invisible', porque al ser mi primer proyecto, me hizo darme cuenta de que esto podía ser real, que no era solamente un sueño.
¿Cómo llegas a 'Las hijas de la criada'?
Este personaje me llega con muchas ganas de hacerlo, porque yo venía de una etapa larga sin trabajar. Había pasado por todo tipo de procesos, cómo no, y muchos altibajos, y estaba un poco con la sensación de que había dejado de creer en mí misma, de no saber si quería seguir haciendo esto.
Y cuando conseguí el personaje… me acuerdo que con todo mi entorno, todos mis amigos y familia, saltamos y gritamos de emoción, nos abrazamos, lloramos… porque sabíamos de dónde venía.
Me ayudó mucho a volver a confiar en que todo es un proceso, y que hay momentos de parón y momentos de acelerón. Así es esta profesión. Volví a creer en mí, y ha sido un regalo.
¿Cómo describirías a Catalina?
Catalina es un terremoto emocional. Es una niña que ha nacido teniéndolo todo, pero es verdad que lo que le falta es el amor, y ella está en constante búsqueda de ese amor. Catalina vive para la pasión.
Ella en realidad tiene esta enorme herida, que no entiende de dónde le viene, y cuando por fin se entera de la verdad, le cuesta mucho entender, y pasa por un proceso de shock, y de aceptación de sí misma.
Al principio parece un personaje más plano, como una niña malcriada, un poco odiosa, que está siempre molestando. Espero que luego se vaya entendiendo todo su proceso, por qué hace lo que hace.
Al final, el público puede comprender esa necesidad de tener amor y de encajar. Es algo por lo que todos pasamos, de una forma u otra.
Es verdad, y eso espero. Yo creo que el público siempre puede empatizar, porque es algo universal. Todos tenemos unas heridas, y son las que nos han hecho quienes somos. Los comportamientos que tenemos o la manera de hacer y de ser también viene de los traumas.
Entonces, espero que se entiendan las heridas de Catalina, porque es desde donde yo he trabajado todo el tiempo este personaje. ¿Por qué está haciendo esto? ¿Por qué se siente celosa, envidiosa y aburrida en Galicia? ¿Por qué desea volver a Cuba y estar con su padre?
Yo he entendido mucho a Catalina y me ha gustado mucho interpretarla, y también tengo que decir que es muy divertido ser un poco mala (risas). No diría que es la mala, porque no la veo como una villana, pero sí es un poco mean girl, y me gusta (risas).
Algo muy importante del personaje es su relación con sus padres. ¿Cómo has trabajado esa parte de la trama?
Es una relación compleja, porque, como decimos, Catalina es muy rebelde, muy independiente. Con su madre, por ejemplo, se ve muy claro. Su madre quiere que ella sea igual que ella, muy luchadora, muy feminista, muy comprometida con los avances sociales y los derechos.
Esto es algo que suele pasar, pero Catalina es como es, no puede ser de otra manera. Es importante también comprender que no todas las personas están hechas para ser héroes, o para liderar, y está bien que sea así.
Nos consta que el rodaje ha sido un proceso muy cuidado, muy perfeccionista para conseguir el mejor resultado. ¿Cómo lo has vivido?
Para mí ha sido muy bonito, y creo que ha estado siempre presente durante todo el rodaje: el cuidado y también el talento del equipo que teníamos a nuestro alrededor: el vestuario, el maquillaje, la peluquería, la fotografía… todo está muy bonito y muy bien cuidado y, sobre todo, creo que es un equipo muy talentoso.
Por ejemplo, hubo algo precioso, que fue que, mi primera secuencia como Catalina fue justo del final, y tuve que representar a una Catalina más adulta, mucho más madura, y desde ahí ir retrocediendo hasta esa Catalina más joven, que además es la primera que está viendo el público. Ha sido un viaje precioso.
Además, la serie ha tenido muchísimo éxito. ¿Cómo lo recibís vosotros?
Estamos muy contentos de que así sea. Yo ya tenía una intuición de que iba a ser así por esto mismo, porque durante el rodaje tú vas viendo lo bonito que es, lo bien cuidado que está, los sitios tan impresionantes donde estás rodando. Yo cada día me vestía feliz (risas).
Era mi momento favorito, ponerme los “lookazos” de Catalina (risas). Entonces, ves que todo va a salir muy bien. Es verdad que nunca se sabe, y que ha sido también una sorpresa ver lo bien que lo ha recibido todo el mundo. Pero yo tenía esa intuición de que iba a ir bien.
Además, es una alegría ver que las series históricas, o de época, siguen interesando al público y nunca pasan de moda.
Totalmente. Para mí ha sido muy interesante ver que no estamos tan lejos. Nos interesa, como público, conocer estas historias. porque es de donde venimos, son nuestras raíces.
A veces sentimos que nos falta mucho camino, pero viendo de dónde venimos, hemos conseguido tantas cosas… es verdad que no hay que dejar nunca de ver en todo lo que se puede seguir avanzando, pero creo que a veces nos olvidamos de cuáles son nuestras raíces.
Respecto a la cuestión de la mujer, por ejemplo, yo me he dado cuenta de eso, porque en mi adolescencia también he sido muy rebelde. Cuando conocí el feminismo me interesé muchísimo, me metí en un montón de causas, y era muy luchadora también.
Ahora lo sigo siendo, pero desde otro lugar, más pasivo, supongo. La adolescencia es el momento de ser reivindicativo, porque eres la nueva generación que viene a cambiar cosas. Si no lo haces tú, ¿quién lo va a hacer por ti?
Rodando 'Las hijas de la criada' yo me di cuenta de que no estamos tan lejos de este momento. Mi bisabuela nació en el 1900, como Catalina, y me pareció muy curioso pensar que, de alguna manera, estaba viviendo la vida que vivió mi bisabuela.
¿En qué próximos proyectos te vamos a poder ver?
No me dejan contar nada (risas), pero sí te puedo decir que hay algo ahí en el horizonte con lo que estoy muy emocionada, y que es lo más heavy que he hecho nunca en mi vida. Se vienen cositas.
¿Tienes algún objetivo como actriz que aún no hayas cumplido?
Últimamente pienso mucho en que me encantaría hacer teatro, porque nunca he hecho. Sería como más disfrutaría a nivel vocacional. Siento que al final el teatro es algo tan increíble… es un trance que vive el actor que de ninguna otra manera lo puedes vivir igual, y tengo muchas ganas de hacer eso, porque siento que necesito reconectar con esa parte de mi profesión, que también es lo que me están dando las clases que imparto.
Estar en una producción televisiva o cinematográfica es fantástico, pero al final también hay cosas de la profesión que te desconectan un poco, y por eso tengo tantas ganas de hacer teatro, porque creo que es lo más real que tiene mi profesión.
Poco a poco nos estamos desconectando de estos lugares, donde hay comunidad, en ese sentido. El teatro es un sitio donde la vida real, el caos y la rapidez de la tecnología, para durante un par de horas.
A mí por eso me encanta, por ejemplo, coger un avión, o coger un tren, porque siento que son momentos en los que estoy en el aire, sin estar pendiente del teléfono. La vida va muy rápido, y el teatro me encanta porque nos permite parar para que nos cuenten una historia.
