Antonio Romero: «Hacer un monólogo es un reto fascinante para un actor»

Hemos hablado con Antonio Romero sobre su nuevo proyecto teatral. ¡Descubre aquí todo lo que nos ha contado!

Antonio Romero protagoniza el monólogo 'Nuestros demonios', una fascinante combinación de thriller, memoria histórica y lo sobrenatural con la que el actor lucentino desembarca en la Sala Loreto de Madrid el próximo 28 de febrero.

Sobre su nuevo trabajo sobre las tablas, el actor nos comenta que "hemos llegado a un espectáculo de 70 minutos donde está todo. En realidad, tiene la estructura de una historia dentro de otra historia, como una muñeca rusa, y eso para un actor es algo muy curioso, porque juegas con muchos personajes".

Un rostro reconocido por los espectadores gracias a sus intervenciones en éxitos como 'La casa de papel' o 'Sueños de Libertad', el intérprete nos habla en profundidad en esta entrevista no sólo de este nuevo trabajo, estrenado con éxito en su tierra, Lucena, sino también de la despedida de Gaspar de la Hoz, su entrañable personaje en 'Sueños de Libertad' (Atresmedia), de sus comienzos como actor y su pasión por la comedia.

Entrevista con Antonio Romero, protagonista de 'Nuestros demonios' (Sala Loreto, a partir del 28 de febrero)

¿Cuándo y cómo decides ser actor?

Fue algo coyuntural. Con 13 años, en EGB, surgió la posibilidad de hacer un curso de teatro, un taller extraescolar. Me apunté, a pesar de que era muy tímido, y me gustó mucho. De ahí, de una forma natural, seguí haciendo teatro y llegó el momento en que tenía que decidir qué hacer con mi vida y qué carrera quería estudiar.

Pensé en que, si me gustaba hacer aquello, ¿por qué no continuar? Hice las pruebas para la ESAD de Málaga, las pasé, me matriculé, y desde entonces no he parado, primero en teatro, y después también en audiovisual.

Uno de tus primeros trabajos en televisión fue ‘Arrayán’, una serie mítica de Canal Sur. ¿Cómo recuerdas tu paso por ella?

Efectivamente, ‘Arrayán’ ha sido una serie muy longeva, por la que han pasado muchísimos intérpretes, andaluces, desde luego, pero también de otras partes de España. Yo fui a hacer algo muy pequeño, un cura que era un personaje de reparto. Me acuerdo de que estaba muy nervioso, porque era mi primer trabajo ante la cámara.

Como anécdota, la serie se grababa en Coín, y en los platós había una especie de hotel, como unos apartamentos, y los propios actores dormían allí. Recuerdo que no dormí nada esa noche, entre los nervios y que había que madrugar mucho (risas), pero sí, es un bonito recuerdo de ese primer trabajo.

Llegas a Madrid con la función ‘Nuestros demonios’, que se estrena en la Sala Loreto el 28 de febrero. ¿Cómo describirías esta función?

‘Nuestros demonios’ es un monólogo muy especial. El autor y director de la función, Juan Alberto Salvatierra, es muy amigo mío y llevamos trabajando juntos unos quince años, haciendo espectáculos con nuestra compañía, Los Feos Teatro.

Este trabajo tiene la estructura de un thriller, que no un género que se suele dar mucho en teatro, y menos en un monólogo, y también están el género sobrenatural y la memoria histórica. Es una combinación muy particular, muy especial.

A mí me encanta el texto, me flipa. En un principio era un texto muy largo, eran como unas 70 páginas de monólogo, totalmente irrealizable, porque se nos iba a las cuatro o cinco horas (risas). Finalmente, hemos llegado a un espectáculo de 70 minutos donde está todo.

En realidad, tiene la estructura de una historia dentro de otra historia, como una muñeca rusa, y eso para un actor es algo muy curioso, porque juegas con muchos personajes.

Todo comienza con un hombre que es detenido por el CESID, y la obra empieza así, con una serie de policías interrogando a este detenido, que es una persona muy particular, una persona que atraviesa la historia del siglo XX en España y en Europa, y que cuenta hechos muy verosímiles, muy sorprendentes, fascinantes y emocionantes.

Al ser un monólogo, ¿existe mayor responsabilidad, al ser el único actor sobre el escenario?

Sí, desde luego. Es el primer monólogo que hago. Yo he hecho muchísimo teatro, pero a la hora de enfrentarse solo a un público… es otra historia. Yo no había transitado nunca eso. Para mí lo más complejo ha sido ensayar solo, por ejemplo. No tener a una persona que te dé la réplica, o crear teatro con otra persona, con otro compañero, crear la ficción con otro compañero.

He ensayado mucho solo, delante de una pared, y he tenido que construir yo la historia. Por eso, estaba deseando estrenar, para que hubiera otros seres vivos conmigo y que se de esa comunicación que existe en el teatro. Ha sido fascinante, desde luego. Hacer un monólogo es un reto para un actor.

El autor y director de la función es Juan Antonio Salvatierra, como decimos. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de este trabajo con él? ¿Qué es lo mejor de él como director?

Como director, te deja muchísima libertad, muchísimo espacio. Aquí no soy objetivo (risas). Para mí, estamos hablando de uno de los mejores dramaturgos de España. El que lo ha leído y el que ha trabajado con sus textos lo sabe. Estamos hablando de un autor de una categoría excelsa, con una dramaturgia radical en sus planteamientos, sus premisas, sus argumentos, sus personajes.

Aparte de ser hombres de teatro, a los dos también nos gusta el mundo del cómic, autores como Warren Ellis o Alan Moore… nuestra cultura popular también tiene mucho que ver con el cine, con Álex de la Iglesia, con Lovecraft, con muchas referencias culturales nuestras, que compartimos nuestra generación y las siguientes y que en teatro no se suele encontrar.

Estamos hablando de teatro como una cultura mayor, y a partir de ahí Juan Alberto ha escrito una obra con muchas referencias a esta cultura, pero no deja de ser una obra mayúscula, teatralmente hablando.

¿Es más importante que nunca, en esta función, esa energía del público, más si cabe en una sala pequeña?

Sí. Aparte, esta obra es una obra decididamente de pequeño formato. La hemos estrenado en Lucena, en su teatro, con 400 espectadores, y por supuesto la haremos donde nos dejen y donde nos lo ofrezcan, pero es una obra decididamente de pequeño formato.

Antonio Romero en un momento de 'Nuestros demonios' (fotografía: Los Feos Teatro)

En la obra, hablamos de las cloacas del Estado, de un sótano, de un sitio pequeño, y nosotros somos una compañía pequeñita y queremos una conexión cercana y en “petit comité” con el público. Creo que es perfecta para la naturaleza de la obra. Yo prefiero, por ejemplo, en esta fase del proceso, hacer cuatro funciones con veinticinco personas que una con cien.

Las obras de teatro se van haciendo también con las funciones, y es necesario el contacto, cristalizarlo, ponerlo frente al público, ver con sus reacciones qué funciona más y qué menos. Es muy importante ese contacto tan íntimo con los espectadores, y en espacios pequeños lo vemos de una forma mucho más directa.

También interpretas la obra ‘Una hermana para tres hermanos’, una función que es comedia pura y hace muy feliz al público, como se puede ver en cualquiera de las funciones.

Así es. Yo ya conocía el trabajo de nuestro autor, Álvaro Carrero, y conocía esta función antes de empezar a interpretar al personaje. Me parece prodigioso este trabajo.

Es comedia pura, en la que se buscan los mecanismos de la comedia a partir de una historia, y es un trabajo muy laborioso y complicado. Tengo la suerte, eso sí, de que estoy en escena con estos compañeros maravillosos, que son una delicia a la hora de trabajar la comedia.

La gente no es consciente muchas veces de lo difícil que es hacer comedia, y cuando se consigue es mágico. La gente está feliz viendo la función, y salen con aire fresco y con un ánimo distinto al que tenían antes de entrar al teatro. Eso es increíble. Yo soy muy defensor de hacer comedia. Estaría haciendo comedia toda la vida.

Hace muy poco nos hemos despedido, como público, de Gaspar, tu personaje en ‘Sueños de Libertad’. ¿Qué balance haces de esta etapa y este rol?

Si digo que ha sido un regalo, ¿suena mucho a tópico? (risas). Ha sido una parte vital de mi carrera: dos años muy volcados en la serie y en el personaje, un personaje que es muy bonito, muy puro, y está muy bien escrito y planteado. Supone, en cierta manera, un contrapunto con el grueso del resto de los personajes de la serie.

Ha sido una pasada, la primera vez que hacía un personaje en una diaria, y es muy distinto a hacer un personaje en una obra de teatro o en una serie ya cerrada, o en una película. Aquí te vas sorprendiendo poco a poco, no sabes por dónde va a ir el personaje, pero ha sido un viaje muy completo, un personaje muy redondo. En cierta manera, aunque en un principio se podría plantear como el alivio cómico de la serie, tomó entidad y tomó peso, tomó fuerza.

Ha sido un viaje muy redondo con Gaspar, y yo lo he disfrutado mucho. Grabar una diaria es muy duro, vamos muy deprisa, y no solemos tener el tiempo que nos gustaría para trabajar los personajes de una forma más completa, pero ha sido una maravilla poder interpretar este personaje, y hacerlo con este equipo.

Además, la recepción del público ha sido maravillosa, en todas partes. Allá donde voy, o al final de las funciones de teatro, siempre me hablan bien del personaje y me transmiten ese entusiasmo. Es maravilloso.

Dentro de muy poco se estrena ‘Amarga Navidad’, la próxima película de Pedro Almodóvar, en la que también has participado. ¿Cómo se ve uno de repente en una cinta de Almodóvar?

Pues así, de repente (risas). Hice una prueba, por supuesto. Además, no nos podían decir que era de Almodóvar, por las cláusulas de confidencialidad, pero sabíamos que era para trabajar con Pedro. A cualquier actor del mundo, cualquiera, le gustaría hacer una prueba para una película de Almodóvar. Eso es innegable. Yo hice la prueba ¡y me eligieron! Además, luego supe que Pedro estaba muy contento con mi elección. Así que fíjate, es un check que yo hago en mi carrera, ¿no? Un check azul en mi lista de deseos (risas).

El trabajo con él ha sido exquisito, muy correcto, cordial, y muy exigente también, mucho. Pedro tiene las cosas muy claras y sabe exactamente cómo quiere que quede la escena. Eso me daba mucha tranquilidad, porque sabía que Pedro no iba a permitir que los actores estuviésemos mal, pero por otro lado también había esa sensación de enorme exigencia, de que no íbamos a parar hasta que él no estuviese satisfecho (risas). Ha sido una maravilla poder participar en este rodaje. Es un personaje pequeñito, un doctor, pero ha sido un regalo hacerlo.

¿Tienes algún objetivo por cumplir como actor?

Poder seguir haciendo teatro con mi compañía sería lo ideal. Artísticamente, no puedo desear más. Después, por supuesto, continuar haciendo todo lo que me pueda venir, en el escenario y en el audiovisual. Esta profesión es así: hay momentos de buena racha, momentos en los que trabajas mucho, y después otros en los que trabajas muy poco o incluso nada. Asumo que es así y que esos momentos llegarán. Continuar trabajando es más que un premio en la interpretación: es un absoluto éxito. Así que diría seguir trabajando y haciendo teatro con mi compañía, sí.

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