Entrevista a Diana Gómez: «La despedida de ‘Valeria’ fue un mar de lágrimas»
Con el estreno de la cuarta y última temporada de ‘Valeria’, Diana Gómez se despide de un personaje que la ha acompañado durante años y que ha crecido junto a ella.
La serie de Netflix, basada en las novelas de Elísabet Benavent, ha conquistado a la audiencia con su retrato de la amistad, el amor y la evolución personal de su protagonista.
En esta conversación, la actriz reflexiona sobre la madurez de Valeria en esta última entrega, los desafíos que enfrenta en su vida sentimental y el emotivo adiós al personaje. Además, nos habla de sus próximos proyectos y de su visión sobre el presente y futuro de la industria audiovisual en España.
¿Qué pueden esperar los fans de la cuarta y última temporada de ‘Valeria’?
Una temporada bonita y emotiva, viendo los personajes más maduros, tomando decisiones cruciales para sus vidas.
¿Cómo ha evolucionado tu personaje desde la primera temporada hasta ahora?
Creo que Valeria sigue siendo la chica con tendencia a la inseguridad, a las dudas, pero el cambio que ha hecho es que se ha aceptado con sus sombras, se ha vuelto menos impulsiva y más reflexiva, y ha descubierto qué quiere y qué le hace bien. Y ha aprendido a actuar en consecuencia.
¿Qué desafíos enfrentará Valeria en esta nueva entrega?
Después de un año de relación con Bruno, con viajes arriba y abajo, se verán planteándose un paso más, a la vez que reaparece Víctor, con quién intenta tener una relación de pura amistad. Y buscando huecos para verse con sus amigas, su familia, que tras la maternidad de Carmen no es tarea fácil.
¿Cómo fue el ambiente en el set durante el rodaje de la temporada final?
Para mí fue un regalo. Tener la oportunidad de despedirme poco a poco del personaje, del equipo, con una temporada que se siente como un final. El último día con las chicas era un mar de lágrimas.
¿Cómo te sentiste al despedirte del personaje de Valeria después de tantos años?
Es el final de un ciclo que ha supuesto un antes y un después a nivel personal y laboral, así que sentí mucha nostalgia, pero también agradecimiento y cariño.
Además de ‘Valeria’, has participado en series como ‘La casa de papel’. ¿Cómo comparas ambas experiencias?
Una va ligada a la otra porque empezaron en el mismo momento. Es verdad que al empezar La casa de papel la sentía como una estructura muy grande, expandiéndose, y con la mayoría del equipo sabiendo bailar con facilidad dentro de esa estructura. Fue un gran aprendizaje entrar y participar de ella, a veces me da pena que coincidiera con Valeria en rodajes porque no le pude sacar todo el jugo que me hubiera gustado, pero esta profesión a menudo es así. Pero Valeria ha sido una serie de largo recorrido, en la que siento que he podido profundizar más a nivel interpretativo, jugar y gozarla más.
¿Tienes algún proyecto futuro del que puedas hablarnos?
He terminado de rodar la película Cortafuego, de David Victori, junto a Belén Cuesta, Joaquín Furriel y Enric Auquer, un thriller para Netflix. Fue un rodaje muy exigente y divertido, y tengo muchas ganas de ver el resultado. Y también tengo pendiente el estreno de la película Una jirafa en el balcón, de Diego Yaker, una coproducción argentinocatalana protagonizada por Andrea Frigerio, que se estrenó en Argentina y que espero que llegue a España.
¿Cómo manejas la fama y la atención pública derivada de tus personajes en series populares?
No considero que tenga una popularidad desmedida. La gente me escribe, o me para, pero siempre desde con amor y respeto.
¿Cómo ves la evolución de la industria audiovisual en España en los últimos años?
Estamos ganando en presencia de mujeres, tanto delante como detrás de la pantalla. Aún queda trabajo que hacer para no considerar historias de mujeres sólo para mujeres.
Y seguimos suspendiendo en presencia de otros colectivos minoritarios no representados en pantalla. Aún así, como industria creo que se está produciendo mucho, que tiene huella internacional, y que hay mucha variedad de productos. Aunque por pedir, pediría que no se sigan recortando tiempos de rodaje, que no se fabrique como churros, que los proyectos puedan mimarse y hacerse bien.
