El tono costumbrista de ‘Poquita fe’: la comedia de lo cotidiano

‘Poquita fe’ ha demostrado que lo más corriente y mundano puede convertirse en una fuente inagotable de humor.

La serie creada por Pepón Montero y Juan Maidagán parte de lo cercano: la vida de barrio, las rutinas domésticas, los roces de pareja y la presencia ineludible de suegros y vecinos. Situaciones que cualquiera reconoce y que, bajo su mirada, se transforman en escenas cómicas llenas de ternura e ironía.

La primera temporada nos presentó a Berta (Esperanza Pedreño) y José Ramón (Raúl Cimas), una pareja de cuarentones que atraviesa un año completo en episodios breves.

No había grandes giros, sino pequeños conflictos cotidianos: un peinado que no convence, un ascensor destrozado por un vecino torpe o las visitas incesantes de los suegros. La serie encontró su fuerza en lo reconocible, en esos detalles mínimos que todos hemos vivido y que, vistos en perspectiva, provocan risa.

Ese tono costumbrista, con un punto de mala leche pero siempre con cariño hacia los personajes, fue lo que convirtió a la serie en una de las sorpresas televisivas de 2023. Ganadora de premios como el Ondas y el Feroz a mejor comedia, conquistó tanto al público como a la crítica por su capacidad de reírse de lo pequeño.

Hoy, 25 de septiembre, llega a Movistar+ la esperada segunda temporada. En esta nueva tanda de episodios, la pareja afronta un problema muy real: se quedan sin piso y deben volver a vivir con los padres de Berta.

Lo que empieza como una solución temporal se convierte en una convivencia explosiva: desayunos abarrotados, nula intimidad, una cuñada que también se instala en la casa y visitas sorpresa como la madre de José Ramón o incluso un compañero de trabajo.

La situación multiplica el caos y abre la puerta a nuevas escenas tan reconocibles como hilarantes. Entre los momentos más prometedores está el intento de Berta y José Ramón por escaparse una noche para recuperar algo de intimidad, plan que termina torcido por culpa de la familia. También habrá detalles costumbristas elevados a gag, como el misterioso jersey de alpaca que tendrá un papel inesperado en la trama.

Más allá de la risa, la segunda temporada también pone a prueba la relación de los protagonistas. La convivencia forzada, las tensiones familiares y la falta de espacio obligan a Berta y José Ramón a mirarse de frente y comprobar si su vínculo resiste tanta presión. Eso sí, siempre con el humor característico de la serie: ligero, tierno y mordaz a la vez.

Con su estreno de hoy, ‘Poquita fe’ reafirma su lugar como una de las comedias más originales de la ficción española reciente. Una serie que demuestra que lo ordinario es extraordinario cuando se cuenta con gracia, y que reírnos de la rutina es quizá la mejor forma de sobrevivir a ella.

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