El secreto de Beatriz en peligro en ‘Sueños de libertad’ (Mejores momentos)
El secreto de Beatriz ha dejado de estar a salvo en 'Sueños de libertad'.
Pelayo, que llevaba tiempo investigando sus pasos, termina enfrentándose a ella y logra que confiese la parte más dolorosa de su historia. La escena, cargada de tensión, muestra a una mujer completamente acorralada, obligada a explicar por qué ha vivido escondiendo quién fue realmente.
Durante su conversación, Beatriz reconoce que cometió un error que ha marcado toda su vida: usar su verdadero nombre en una etapa de su pasado que todavía la persigue. Ella misma admite que aquello fue “uno de los mayores errores” de su vida, porque vinculó para siempre el nombre de Beatriz Lejena con la prostitución. Mientras otras mujeres pudieron dejar atrás aquel mundo cambiando de identidad, ella quedó señalada para siempre.
Ese detalle explica el miedo con el que ha vivido desde entonces. Beatriz cuenta que hubo un hombre que la convenció para no cambiarse el nombre, asegurándole que tenía demasiada clase para usar otro distinto. Pero el tiempo ha convertido aquel consejo en una condena. Ni la distancia entre México y España ni los kilómetros recorridos han conseguido borrar un pasado que sigue pesando sobre ella.
Pelayo, sin embargo, no se deja llevar por la compasión. Para él, lo verdaderamente grave es que Beatriz ha llegado hasta allí mintiendo y engañando a todos. Le deja claro que lo que acaba de contar no justifica haber ocultado la verdad, sobre todo cuando ha entrado en una casa en la que se le ha dado confianza. La conversación se vuelve entonces todavía más dura, porque Beatriz sabe perfectamente lo que está en juego.
En su intento por defenderse, lanza una pregunta que resume todo su dolor. Le plantea a Pelayo si él contrataría a una prostituta para cuidar de su hijo o si dejaría que una mujer con ese pasado acariciara a su bebé. Con esas palabras deja claro que no ha mentido por maldad, sino por puro miedo al rechazo, al juicio de los demás y a no tener ninguna oportunidad de empezar de nuevo.
Aun así, Pelayo mantiene su postura. Está convencido de que Begoña tiene derecho a saber la verdad y no piensa seguir callando. Beatriz, cada vez más desesperada, le suplica que no sea él quien la delate. Sabe que, si Begoña descubre todo por boca ajena, no tendrá ninguna opción de explicarse ni de defenderse.
