‘El cuco de cristal’: Catalina Sopelana e Itziar Ituño brillan en un thriller que mezcla desapariciones, folclore y una verdad enterrada

'El cuco de cristal' aterriza en Netflix como la tercera adaptación de una novela de Javier Castillo, un título muy esperado que vuelve a mover la maquinaria del thriller español en la plataforma.

La miniserie, de seis episodios, mezcla drama familiar, desapariciones y un misterio que transcurre en dos tiempos, pero lo hace con un pulso irregular que a veces desconcierta y otras termina atrapando casi sin que uno se dé cuenta.

Aun así, su atmósfera rural y algunos momentos de tensión le permiten construir una identidad propia que funciona mejor de lo que su arranque deja intuir.

La historia arranca con Clara Merlo, interpretada con una fragilidad muy tangible por Catalina Sopelana. Es médico residente y sufre un infarto fulminante que la deja al borde de la muerte; un trasplante de corazón la salva, pero también despierta en ella una inquietud difícil de explicar.

Esa necesidad casi física de saber quién fue su donante la conduce hasta un pequeño pueblo del norte de España, un lugar aparentemente tranquilo que guarda demasiados silencios y demasiados recuerdos enterrados.

En ese pueblo vive Marta, la madre del donante, a la que da rostro una Itziar Ituño siempre sólida y con esa mezcla de contención y dureza que pide el personaje. El recibimiento es extraño, algo frío, pero también cargado de dolor.

Y lo que parece un encuentro íntimo, casi terapéutico, se rompe de golpe cuando —el mismo día de la llegada de Clara— desaparece un bebé. Una desaparición que deja claro que ese bosque y ese valle esconden una historia mucho más oscura y más antigua de lo que su protagonista imaginaba.

Lo que sigue es un descenso gradual a un pasado dominado por secretos familiares, desapariciones sin resolver y una violencia contra las mujeres profundamente arraigada, algo que la serie retrata sin sensacionalismo, pero con la crudeza suficiente para dejar marca.

Aquí destacan las interpretaciones de Álex García e Iván Massagué, que construyen personajes llenos de capas, heridos por lo que han visto y por lo que han hecho. El pasado se convierte en un imán narrativo, mucho más potente e intrigante que la línea temporal actual, y eso se nota en cada episodio.

El gran escollo de 'El cuco de cristal' está en su decisión de abusar del relato en dos tiempos. La serie alterna constantemente secuencias del 2002 y del 2022, incluidas con rótulos muy evidentes que acaban interrumpiendo la inmersión.

En el primer episodio se llegan a contar hasta nueve cambios de época en menos de cuarenta minutos, un ritmo que más que aportar dinamismo termina por saturar. Hay momentos en los que el rompecabezas parece innecesariamente fragmentado, como si la historia no confiara en su propio misterio y necesitara reforzarlo de forma artificial.

Aun así, cuando la serie se calma y decide respirar —sobre todo en su cuarto episodio— aparece un giro que coloca todas las piezas y acelera con fuerza hacia un desenlace que, aunque irregular, deja mejor sabor de boca del esperado. No todo encaja y hay escenas un poco anticlimáticas, pero el conjunto remonta lo suficiente como para mantener el interés hasta el final.

Uno de los grandes aciertos de la adaptación es su ambientación rural. El Valle de Ambroz y los bosques de Hervás se convierten en un personaje más: silencioso, bello y amenazante.

La serie está rodada con una sensibilidad que hace que uno casi escuche el peso del tiempo en esos caminos, una sensación similar a lo que lograron ficciones como 'La caza' o incluso parte de 'La chica de nieve'. Netflix agradece en los créditos finales a la zona, recordando los incendios que arrasaron el lugar este mismo año, y el gesto encaja con el espíritu casi elegíaco del paisaje.

En el apartado de interpretaciones, Catalina Sopelana aporta verdad a una protagonista que, eso sí, se queda un poco desdibujada a medida que avanza la trama, sin encontrar un arco emocional sólido. En cambio, Massagué y García brillan especialmente en los episodios centrados en el pasado, donde la serie gana matices, tensión y una oscuridad más honesta. Ésos son los momentos donde 'El cuco de cristal' parece encontrar lo que quiere ser.

¿Es una serie redonda? No. ¿Es un thriller que sobresalga entre otros del catálogo? Tampoco. Pero es una ficción que cumple, que se deja ver con facilidad y que mezcla drama familiar y misterio rural con suficiente solvencia como para ocupar una tarde de otoño.

No reinventa el género, pero aprovecha la fuerza del entorno, el magnetismo de parte del reparto y los temas que recoge la novela para construir un relato que, con todos sus tropiezos, engancha más de lo que parece.

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