martes, enero 26, 2021
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“Cuando el cine se hace con preguntas”

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posters-pelicula-la-llegada-04“La llegada” nos cuenta la historia de Louise Banks, doctora en lingüística y docente de universidad, que es llamada por el ejército cuando doce artefactos extraterrestres aterrizan en doce puntos del planeta. Junto con Ian Donnelly, físico eminente, deberán encontrar la forma de comunicarse con los alienígenas en aras de comprender de dónde vienen y qué hacen en nuestro planeta.

Toda película es capaz de lanzar mensajes filosóficos y preguntas trascendentales, pero normalmente la ciencia ficción tiene un especial atractivo en este sentido, ya que esa dimensión filosófica puede magnificarse hasta alcanzar cotas emocionales poco frecuentes. Y digo poco frecuentes por el acostumbrado (y lógico) despliegue de efectos visuales que suele acompañar este tipo de propuestas, que si bien en unos casos resultan tan logradas que nos parecen asépticas, en otros están logradas y a la vez conectan (y de qué manera) con nuestras más íntimas vulnerabilidades.

“La llegada” es un ejemplo del segundo caso, por lo que ser objetivo es muy difícil. Es la película de ciencia ficción más notable desde “Interstellar”, con la que comparte núcleos temáticos (aparte de los evidentes dados por género y argumento) referentes al amor filial, ese amor tan imprescindible para el ser humano. Dejando a un lado comparaciones innecesarias, el filme plantea una pregunta tan simple como importante: ¿cómo podríamos comunicarnos cara a cara con una civilización millones de años más evolucionada? Pues para eso está Amy Adams, para hacernos un bosquejo del hipotético proceso de entendimiento lingüístico con entes miles de veces más avanzados que nosotros, soportando la presión de toda la civilización humana esperando aterrada tras ella. La actriz hace un trabajo impecable difícil de ignorar, formando un dúo entrañable con Jeremy Renner, su único apoyo firme de cara a razonar la realidad de la situación.

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Pero además, “La llegada” despliega un nivel visual lúcido e impactante. La fotografía ofrece encuadres que provoca algún que otro escalofrío, y aunque a priori parezcan típicos y grandilocuentes, su impacto se debe también a un magnífico diseño de sonido en el cual no sólo entran en juego sonidos “aliens”, sino también la partitura de Jòhan Jòhannsson, cuyas melodías quedarán en la cabeza de más de uno.

El guión no deja dudas sobre su eficacia, con giros que reimpulsan la historia de forma cronométrica sin ramificarse en vano, aprovechando en todo momento los elementos de los que dispone: personajes, localizaciones, situaciones, diálogos… dosificando todos los ingredientes narrativos en su justa medida sin siquiera necesitar ser pretencioso.

Denis Villeneuve ha trasladado a la pantalla una historia que pocos podrían haber contado sin caer en el cliché, y ojo, que si realmente ha contado un cliché “sentimentalmente científico”, lo ha hecho de manera sugerente y elegante. La aparente superproducción es en realidad una historia íntima sobre la comunicación y el dolor que heredamos conforme vivimos,  que va in crescendo de forma inapelable logrando que la principal atracción de la película no sean los extraterrestres o sus imponentes naves monolíticas, sino el mundo interior de la protagonista.

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Una película reveladora que no exige especial admiración por la ciencia ficción para ser disfrutada, ya que entretiene, divierte, conmueve, y proporciona preguntas con las que volver a casa.

Ficha técnica

  • Dirección: Denis Villeneuve
  • Guión: Eric Heisserer, (relato de Ted Chiang)
  • Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker.
  • Fotografía: Bradford Young.
  • Música: Jòhan Jòhannsson
  • Producción: Dan Levine, Shawn Levy, David Linde, Aaron Ryder.
  • Productora: Paramount Pictures, FilmNation, Lava Bear Films, 21 Laps Entertainment.
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