Bendita ida de olla: crítica de ‘Rafaela y su loco mundo’, la comedia más surrealista del año
La nueva comedia original de atresplayer apuesta sin complejos por el humor más absurdo y una estética pop delirante que no se parece a nada.
La nueva serie original de atresplayer no es una comedia al uso. Tampoco lo pretende. ‘Rafaela y su loco mundo’, creada por Aníbal Gómez y codirigida junto a Ernesto Sevilla, es una apuesta sin red por el absurdo más desatado, el surrealismo sin filtros y una estética innovadora. Todo un acto de rebeldía.
Una comedia que no pide permiso
Desde el primer capítulo queda claro que aquí no se viene a buscar realismo. Se viene a jugar. La premisa es tan disparatada como coherente con su propio universo: Chelo descubre que su insomnio se debe a un trauma prenatal relacionado con el 23F y, gracias a la máquina del tiempo del padre de Rafaela, el grupo viaja al pasado para arreglarlo. Cambiar el pasado, alterar el futuro. Todo en 20 minutos.
Cuando termina el episodio, uno entiende perfectamente esa frase que los propios protagonistas repiten en promoción: “¿Ya está el capítulo?”. Porque sí, vuela.
‘Rafaela y su loco mundo’ no intenta gustar a todo el mundo. Y eso se agradece. Su humor es físico, escatológico, referencial, muy chanante por momentos, con un punto de delirio constante que no baja nunca el volumen. Es una serie muy, muy loca. Y funciona precisamente porque no se disculpa por ello.
Estética pop y universo delirante convertido en acción real
Si algo diferencia a esta ficción es su universo visual. Decorados excéntricos, vestuario exagerado, una dirección artística que abraza lo imposible y lo convierte en norma. Es como si alguien hubiera decidido que la adolescencia merece un tratamiento de cartoon llevado a carne y hueso.
Ahí reside buena parte de su atractivo. El guion es directo, sin florituras innecesarias, pero la puesta en escena eleva cada situación. Todo está pensado para reforzar esa sensación de estar dentro de un mundo propio, sin referencias externas, donde lo absurdo es ley.
Un reparto perfecto para el delirio
Ingrid García-Jonsson lidera la función como Rafaela, pero el peso coral es evidente. Carlos Areces, Aníbal Gómez y Joaquín Reyes forman un trío que entiende perfectamente el tono. No están de paso: están entregados al disparate.
Y eso marca la diferencia. El elenco no interpreta el absurdo desde fuera, lo habita. Se nota que hay complicidad, que se lo han pasado bien rodando, y esa sensación traspasa la pantalla. En una serie de este tipo, si los actores no creen en el juego, el castillo se derrumba. Aquí no ocurre.
Además, la presencia de rostros tan reconocibles de la comedia española refuerza la identidad de la serie como una celebración del humor más libre y menos encorsetado.
Una apuesta que refuerza la línea de atresplayer
Con ocho episodios autoconclusivos de unos 20 minutos, ‘Rafaela y su loco mundo’ encaja perfectamente en la estrategia de atresplayer de apostar por ficciones originales que arriesgan en tono y formato. No es una serie convencional ni quiere serlo. Es una rareza, sí, pero una rareza consciente y bien ejecutada.
En un panorama donde muchas comedias buscan la identificación fácil, esta decide apostar por la exageración, el surrealismo y el caos organizado. Y en esa valentía está su mayor virtud.
‘Rafaela y su loco mundo’ es, en definitiva, una ida de olla. Pero es una ida de olla con personalidad, con dirección clara y con un reparto que entiende exactamente el juego que está jugando. Y a veces, dejarse llevar por el absurdo es justo lo que necesitamos.
