El Subsecretario regresa de su viaje y Melitón le pone al día de lo acontecido. García-Morales trata de disimular su enojo.

La intuición y, el buen oído de Francisca, salvan a Irene y Raimundo. Fernando ha conseguido escapar llevándose a María. En La Habana han encontrado ciertos indicios que lo sitúan en un viejo monasterio abandonado.

Así es: Fernando se encuentra en dicho lugar y revela a María sus planes. Ella le reprocha su locura, le asegura que nunca se irá con él, pero nada de eso parece inquietarle. María queda retenida pero para evitar la trampa de Fernando dará una sorpresa.

Marina escucha a Dolores y descubre que su hija trama algo. Finge ser modosa delante del cura, pero sola, según Dolores, es una maleducada egoísta y un tanto suelta  con los chicos. Le asegura que D. Berengario está ciego con ella y que Esther se aprovecha. Marina decide intervenir y se presenta en la casa parroquial.  Esther finge emoción, como si viera una resucitada, pero Marina y el sacerdote quedan  embargados por la emoción de verse.   Se instala en la posada, pero D. Berengario debe dar explicaciones ya que Dolores reconoce a la forastera y, no se marchará sin saber quién es y a que ha venido.

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