domingo, octubre 25, 2020
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Carlota (Ana Fernández) en ‘Las Chicas del Cable’: La evolución de una mujer empoderada y valiente

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Alma revolucionaria y admirable que siempre estuvo dispuesta a luchar por la libertad en un mundo contaminado por el patriarcado. No fue la líder de ‘Las Chicas del Cable’, pero si estuvo dotada de una personalidad arrolladora como para defender sus derechos y los del resto de sus compañeras. Todo en un entorno laboral que se había creado para los hombres hasta que ella irrumpió con fuerza y pasión como telefonista de la compañía presidida, en ese entonces, por Don Francisco (Yon González).

Era una mujer adelantada a su tiempo por su forma de pensar y de ver el mundo, por su astucia y sus ganas por reivindicar todas las injusticias a las que estuvieron durante siglos sometidas, simplemente por pertenecer al supuesto género débil. La evolución de Carlota Rodríguez de Senillosa (Ana Fernández) a lo largo de las cinco temporadas fue apoteósica. Por ello, desde Cultura en serie recordamos algunos de los momentos más álgidos de un personaje que ha conquistado a todos los seguidores de la primera serie española original de Netflix que estrena su desenlace definitivo en julio.

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En 1928 ser mujer suponía ser un objeto sexual para los hombres, uno de esos títeres que se podían manejar al antojo de todos ellos; callados, asustados y dispuestos a hablar sólo cuando sus padres o maridos les concedieran ese privilegio para asentir en lo que respectaba a sus decisiones. Por ese entonces tener el poder de sus vidas siendo mujeres era un hecho inconcebible. Vivían en un universo en el que si se revelaban les tocaba sobrevivir ante la imposición de un sistema heteropatriarcal que pisoteaba sus derechos y las denigraba al máximo. Sin embargo, existían personalidades como Carlota que no estaban dispuestas a que ninguna autoridad pasara por encima de sus sueños.

Ella quiso ser trabajadora pese a ser la heredera de una fortuna millonaria y lo logró al entrar como telefonista demostrando ser una de las más cualificadas. Primero, lo hizo a escondidas de sus padres, pero después cogió el toro por los cuernos y abandonó los lujos para independizarse. Sólo así pudo respirar la ansiada libertad que tanto anheló. Ese pájaro que había estado encerrado en su propia jaula por años voló y mantuvo relaciones sexuales con Miguel (Borja Luna) mientras también comenzaba a sentir cosas muy fuertes por su jefa de la compañía, Sara (Ana Polvorosa). De esta forma, Carlota fue libre a la hora de no atarse a una persona. Se permitió experimentar hasta estar segura de sus verdaderos sentimientos y sus preferencias.

Tras los altibajos entre Carlota y Miguel, ‘la chica del cable’ comienza algo más serio con esa mujer que siente estar encerrada en un cuerpo que no le pertenece. Saltamos de esta forma a la tercera temporada de la exitosa serie española de Netflix, momento en el que la revolucionaria y moderna telefonista descubre que la identidad con la que más cómodo se siente el personaje de Ana Polvorosa es como Óscar. Desde ese momento comienza una andadura dificultosa en su relación ya que ambos ocultan ante el mundo lo sucedido, pero su amor se agranda con la convivencia.

En medio de estas cuestiones personales, Carlota toma un mayor protagonismo en la tercera temporada de ‘Las Chicas del Cable’ al ser parte de las Violetas, una agrupación de mujeres que reivindican sus derechos como trabajadoras y velan por la igualdad de género. Con ayuda de Carlos Cifuentes (Martiño Rivas), el personaje interpretado por Ana Fernández logra tener un lugar en la radio bajo el seudónimo de Atenea para hablar de todas las problemáticas a las que se enfrentan ellas y denunciar los abusos por parte de los que optan por un sistema patriarcal.

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No obstante, las amenazas provocan sus miedos, pero finalmente, no dejó que nadie callara su verdad y siguió dando voz a sus ideales con su verdadera identidad. Además,  anteriormente a estos hechos, su padre termina diciendo lo orgulloso que está de ella en el comienzo de los capítulos minutos antes de su muerte.

Llegamos de esta manera a la cuarta temporada de la ficción liderada por mujeres y con ella a 1931, momento en el que sus protagonistas disfrutaban de los privilegios de la República. En este contexto, Carlota optaba a la alcaldía de Madrid con un look similar a Manuela Carmena.

La admirable futura alcaldesa dio discursos feministas y mitines que han sido aplaudidos por todos los espectadores que vieron estos capítulos de ‘Las Chicas del Cable’. Aquí también, se puso en tela de juicio su intimidad con Óscar y tuvo que elegir entre luchar por su ideología, así como por los derechos de todas las mujeres o que no se desmantelara su secreto.

Luchó por lo primero, aunque este hecho trajera consecuencias negativas que pusieron contra las cuerdas al gran amor de su vida, a quién metieron en una cárcel de mujeres. Junto con ayuda de sus amigas lograron salvarlo, pero ese plan supuso el final definitivo de Ángeles (Maggie Civantos), quién murió mirando fijamente a sus hermanas del corazón y al inspector Cuevas.

7 años después de este acontecimiento trágico, la vida ha cambiado para todas. Carlota sigue junto a Óscar, pero su relación presenta ciertos altibajos a lo largo de la quinta temporada a consecuencia de la llegada de James, un hombre que empieza a entablar una muy buena relación con ella, un ser demasiado curioso como para quedarse quieto y no meterse en la boca del lobo. Nos desplazamos junto al personaje de Ana Fernández a la época de la Guerra civil española, situación en la que ejerce de periodista intentado desde su lugar que los franquistas no ganen la batalla a los republicanos.

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Tanto ella como el gran amor de su vida luchan por proteger a la ciudadanía de las bombas hasta que Carlota se ve en la tesitura de abandonar a Óscar para emprender una aventura cargada de emocionantes historias bélicas con James. Así finaliza la primera parte de ese desenlace que veremos en julio en la que se espera que Carlota sea un factor determinante para que Óscar no sea expuesto a tratamientos horrorosos, o incluso, al fusilamiento por parte de el régimen totalitario, estereotipado y cruel al que se enfrentarán en estos últimos capítulos que impulsarán a todas a luchar juntas, con uñas, dientes, y hasta el final.

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